Claves para reinventarte profesionalmente a partir de los 40 (y algunos errores que no deberías cometer)

Una ‘coach’ laboral que ha pasado ella misma por la experiencia nos da consejos para hacerlo con éxito

Foto: Canva.

Mayte García Caneiro tenía 43 años cuando la empresa que había ayudado a crear (formó parte del equipo fundador) planteó un ERE y ella fue despedida. Periodista de formación, hasta entonces había trabajado principalmente en comunicación corporativa y marketing, las áreas que dirigía en la compañía de la que acabó saliendo hace casi una década. Como a tanta gente, el despido le llegó por sorpresa y sin ningún plan en el horizonte. “Me cogió sin saber qué hacer con mi vida ni por dónde tirar”, admite. “Empecé a formarme a lo loco, a hacer todo tipo de cursos, pero sin una estrategia. Lo que me movía era el miedo, que es lo que le pasa a la mayoría de las personas”. Hizo un master en marketing digital, no porque lo necesitara (llevaba años trabajando en ello), sino porque le parecía un paso natural, aunque ni siquiera tenía claro que quisiese seguir en eso. “Llegado ese punto me sentí tan desorientada que acabé apuntándome a un máster de coaching. No con la intención de convertirme en coach, sino porque sentía que me había perdido a mí misma. Fue al hacer ese trabajo de desarrollo personal cuando me di cuenta de que esa era mi vocación”.

Siguió formándose en ese ámbito y empezó a trabajar en mejorar su marca personal y su visibilidad. Hizo un CV en vídeo que funcionó bien (en esa época lo de los videocurrículums estaba muy de moda) y se puso las pilas en Linkedin (en ese momento tenía unos 700 contactos, pero no era muy activa en la plataforma). La estrategia le funcionó, y Mayte García Caneiro fue contratada como headhunter en una consultora de recursos humanos. Para entonces ya llevaba tiempo trabajando en Cambiardevidaalos40.com. Lo que había empezado como un hobby, un blog en el que compartía su experiencia personal y laboral pasados los 40 años, acabó convirtiéndose en su vía de acceso al emprendimiento. Ahora trabaja por su cuenta, ayudando en su proceso de reinvención laboral a otras personas, especialmente a las que, como ella en su momento, se encuentran a mitad de carrera. “Me di cuenta de que lo que me había pasado a mí era muy habitual y que esa crisis personal se unía a otro problema, que es el del edadismo, algo de lo que, afortunadamente, se habla cada vez más”.

Efectivamente, los tiempos en los que las carreras eran lineales y la gente se jubilaba después de una vida haciendo lo mismo empiezan a parecer cosa del pasado. Cada vez hay más gente con mucha experiencia a sus espaldas que, bien por obligación, bien por decisión propia (buscando nuevas oportunidades o un estilo de vida diferente), decide dar un giro a su carrera. Independientemente del motivo, reinventarse a los 40 o los 50 años puede ser un proceso retador, pero conseguirlo es perfectamente viable. Es cuestión de tener una estrategia definida y evitar algunos errores bastante comunes.

Mayte García Caneiro sabe bien cuáles son esos errores porque en su momento los cometió casi todos. El primero: agobiarse e intentar quemar etapas. “Uno de los principales errores que he identificado, en mi caso y en la mayoría de las reinvenciones profesionales, son las prisas. Una vez has decidido que tienes que cambiar, quieres hacerlo ya, pero hay que entender que la reinvención no es una acción, sino un proceso, y para que tenga éxito hay que seguir unos pasos”.

La base debe ser siempre, a juicio de la coach laboral, el autoconocimiento. “Hay que mirar hacia dentro y cuestionarse a uno mismo, para ver qué ha fallado o cómo has cambiado, porque puede ser que, simplemente, hayas evolucionado. Otras veces el fallo puede estar en que cuando elegiste profesión no lo hiciste porque esa profesión conectara contigo, sino por una vaga orientación, porque era lo que querían tus padres o porque te parecía lo que tenías que hacer”.

También es posible que en su momento la decisión fuera vocacional, pero después de un tiempo trabajando en algo hayas caído en el aburrimiento, el agotamiento o la decepción. Sea cual sea el caso, hay que identificar el origen del problema y marcar tus prioridades, que siempre serán personales. “Hay que establecer claramente cuáles son tus valores, creencias, mapas mentales, fortalezas y debilidades, pero también tus miedos y lo que te conecta con la vida y el trabajo”.

La fase de autoconocimiento es básica, aunque la tentación de saltársela e ir directamente a la siguiente (encontrar lo que quieres hacer) sea fuerte. “Es normal, sobre todo llegada cierta edad, que se apodere de ti el miedo al pensar que estás perdiendo el tiempo”. La urgencia económica juega, en este sentido, un papel clave. Por eso puede ser recomendable recurrir a un empleo puente, quizá vinculado con lo que has hecho hasta ese momento, que te dé el tiempo y el espacio necesarios para descubrir qué es lo realmente quieres y fijar un plan de acción para lograrlo.

"Elegir la formación antes de saber lo que quieres hacer y de verificar lo que se está pidiendo en el mercado es un error que yo también cometí”

Quien ya haya hecho ese trabajo de autoanálisis o tenga una idea de cómo quiere que sea su futuro, irá un paso por adelante. “Hay personas que lo tienen muy claro y otras, como yo, a las que nos cuesta un poco más”, indica Mayte García Caneiro. Lo normal, en cualquier caso, es que la claridad llegue, aunque la forma será distinta para cada personal. “En mi caso, la clave fueron tres palabras que, descubrí, eran importantes para mí: comunicación, personas y risa. A partir de ellas creé mi proyecto, pero incluso trabajando por cuenta ajena, allí donde me pueda comunicar, haya personas y buen ambiente, yo estaré bien”.

Una vez despejado el bosque, empieza otra fase, más práctica, en la que se identifican opciones y se diseñan posibles itinerarios. García Caneiro recomienda hacer una auditoría de ofertas de empleo para ver qué es lo que se está demandando en el ámbito que te interesa. Ese análisis te permitirá saber qué es lo que tienes a tu favor y qué es lo que te falta, para intentar ponerle solución. La formación, siempre que se elija bien, puede marcar la diferencia. “A lo mejor no necesitas hacer un master en marketing digital, sino solo un curso intensivo de SAP si es el requisito que te falta de las ofertas que te interesan”, explica la experta. “Generalmente lo hacemos al revés: decidimos formarnos en algo que nos suena bien o nos parece que puede tener salidas. Elegir la formación antes de saber lo que quieres hacer y de verificar lo que se está pidiendo en el mercado es un error que yo también cometí”.

Después viene otro trabajo, también importante para optimizar la búsqueda de empleo: hacer el mejor currículum posible, entrenar para las entrevistas de trabajo, mejorar tu estrategia en Linkedin, hacer más networking, etcétera. No hablamos de un proceso de un par de semanas ni de un par de meses. Por eso aprender a gestionar las emociones para mantener la calma y que no acaben saboteando nuestros esfuerzos es fundamental.  

Reinventarse a los 40 o los 50 años puede ser un proceso retador, pero hacerlo con éxito es perfectamente viable. Conseguirlo es cuestión de tener una estrategia definida y evitar algunos errores bastante comunes

El abanico de las emociones humanas es amplísimo, y también en este contexto pueden aparecer sentimientos variados: desde la culpa o la decepción con uno mismo por haber tomado decisiones equivocadas a la arrogancia, al pensar que la experiencia es la clave y que no necesitas ayuda de nadie. Pero el miedo es, de lejos, la emoción más habitual en estas circunstancias. “Por una parte está el miedo evidente a acabar debajo de un puente, pero cuando empiezas a profundizar ves que a menudo también hay miedo al que dirán, al juicio de las personas del entorno, a equivocarte….”, indica García Caneiro. “Muchos miedos están basados en sesgos cognitivos, exageraciones o generalizaciones. Son creencias limitantes que no tienen una base fundamentada. Si creo que soy muy mayor para reinventarme y que si lo hago me voy a equivocar, estoy haciendo una proyección anticipatoria desastrosa de lo que va a ocurrir”. Para evitarlo, la coach recomienda recurrir a técnicas de regulación emocional, pero también cuestionarse la veracidad de esas amenazas, porque lo habitual es que jamás lleguen a materializarse. “El miedo es una emoción universal y básica. En su versión adaptativa está ahí para alertarnos de un peligro y prepararnos para él. El problema viene cuando ese peligro no es real, y hay estudios psicológicos que dicen que más del 90% de las cosas que nos preocupan nunca suceden”.

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