Prevenir antes que curar: cómo evitar el ‘burnout’ en el trabajo
Una psicóloga nos da las claves para tomar medidas antes de que el problema pase a mayores

Durante años nos enseñaron que estar ocupados era sinónimo de ser valiosos y que el cansancio era el precio del éxito, hasta que el cuerpo y la mente empezaron a decir basta. Se le llama burnout o síndrome del trabajador agotado, aunque muchos lo hubieran experimentado antes de saber ponerle nombre.
No hablamos de un día malo ni de una racha complicado. El burnout es un estado de agotamiento profundo provocado por un estrés laboral sostenido en el tiempo. Según la OMS, que en 2021 lo incluyó en su listado de enfermedades reconocidas, se caracteriza por fatiga extrema, actitud negativa o cínica hacia el trabajo y una baja sensación de realización personal. Las causas sonarán familiares a muchos: tiene que ver con la presión constante, las largas jornadas laborales, las elevadas cargas de trabajo, los bajos salarios y una hiperconectividad que ha borrado los límites entre lo profesional y lo personal.
Cada vez son más las personas que sienten que su trabajo les consume. El agotamiento laboral se ha convertido en uno de los grandes retos de la salud en España. Aunque se estima que más de la mitad de los problemas de salud mental están relacionados con el trabajo y en España es posible solicitar una baja por burnout, lo habitual es que se tramite bajo un diagnóstico de ansiedad, depresión o estrés laboral, y no como enfermedad profesional, entre otras cosas, por la dificultad de demostrar que la causa es directa y exclusivamente el trabajo. En cualquier caso, las cifras dan idea de la dimensión del problema. En la última década, el número de bajas por problemas de salud mental en España ha aumentado un 180%. En 2024, se registraron 671.618 procesos de incapacidad temporal derivados de problemas de salud mental, según datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
No hablamos solo de cansancio. Los síntomas del burnout incluyen insomnio persistente, irritabilidad, falta de motivación, desconexión emocional, pérdida de sentido, sensación de fracaso y una sensación constante de nunca llegar a todo. No aparece de golpe, ni suele hacer ruido, pero se extiende rápido en los contextos en los que la exigencia es constante y hay poco margen para el descanso.
Quizá el mayor riesgo del burnout sea lo normalizado que está. Por eso, reconocer sus señales para tomar medidas antes de los síntomas se vuelvan crónicos es clave. Pero sería injusto cargar toda la responsabilidad sobre el individuo. Dado que el burnout es, en gran medida, un problema estructural, las empresas tienen un papel clave en su prevención. “Debemos tener en cuenta que el malestar puede venir del sistema de trabajo o de personas concretas”, confirma Sandra Nieto, fundadora de Argos Psicología. Gestionar de forma realista las cargas de trabajo, formar a los responsables empresariales para detectar señales de desgaste, crear espacios en los que sea posible hablar sin miedo y respetar de verdad la vida personal de los trabajadores son algunos de los básicos de una verdadera cultura empresarial centrada en las personas. Pero también nosotros mismos podemos contribuir a ponernos presión encima. “Si el factor desencadenante es únicamente el propio trabajador es necesario evaluar qué le está llevando a esa situación: alto nivel de exigencia, baja tolerancia, rigidez a la hora de afrontar las tareas, necesidad de aprobación, el propio contexto de la persona…”
En cualquier caso, hay estrategias que pueden ayudarnos a protegernos y no llegar la punto de quemarnos. Por un lado, recomienda Nieto, hay que delimitar muy bien “cuáles son nuestras funciones, porque a veces no quedan claras y asumimos tareas que no nos corresponden”. También es importante “organizarse, aprender a delegar y a pedir ayuda, y ser capaces de transmitir las dificultades, con el fin de cambiar la situación”. Pedir claridad, apoyo y feedback no es una debilidad, sino una forma de cuidado profesional.
La experta habla también de la importancia de conocer nuestros derechos. “En ocasiones aceptamos que las cosas son así y nos movemos en contextos de alta vulnerabilidad por miedo a consecuencias como perder el trabajo o que tengan una mala opinión de nosotros. En esos casos aceptamos todo, y ahí radica parte de los problemas”. Y si el origen del malestar son determinadas personas, hay que “aprender a expresarlo de forma asertiva y a gestionar las situaciones concretas que se estén dando”.
En lo personal, la fundadora de Argos Psicología recomienda “ser menos exigentes con nosotros mimos y menos rígidos a la hora de afrontar el trabajo", y, por supuesto, “poner límites y saber diferenciar entre área laboral y privada”. En este sentido, es fundamental “tener una vida personal satisfactoria a la que tengamos ganas de llegar tras el trabajo: ocio, actividades, descanso (tenemos que elevar el descanso a la categoría de derecho y necesidad básica) y dejar de obsesionarnos con ser productivos y aprender a simplemente ser y estar. A veces, la vida personal es más exigente que la laboral, y el trabajo se convierte en un medio para evitarla”. Se trata, en definitiva, de defender espacios de descanso real, cultivar intereses y entender que el autocuidado no es un lujo, sino una cuestión de supervivencia.
Y si, pese a todo, hemos llegado al punto de caer en el agotamiento, ¿hay marcha atrás? Según Sandra Nieto, “siempre. Me remito a lo dicho anteriormente: pedir ayuda psicológica, a los compañeros, informar y negociar con la empresa, asesorarse legalmente y tener una vida satisfactoria son cosas básicas para salir de ese bucle”.




