Del mito de la ‘girlboss’ a la realidad laboral: por qué muchas mujeres ya no quieren ascender
La llamada ‘brecha de la ambición’ podría ser, en realidad, una brecha de oportunidades

Durante la pasada década se popularizó el ideal de la girlboss, un modelo de éxito femenino asociado al liderazgo y la ambición sin límites. La girlboss representaba a la mujer que, a base de talento, esfuerzo y resiliencia, lograba abrirse camino hasta la cima de las empresas. Este relato conectó con una generación de mujeres que buscaban independencia económica y reconocimiento profesional, entre otras cosas, por lo sugestivo de su punto de partida, y es que la llave del éxito estaba en sus manos. El mensaje era que si se esforzaban lo suficiente, eran ambiciosas y convertían el trabajo en la base de su identidad, lograrían el éxito. Pero con los años, esa narrativa, que se apoyaba casi exclusivamente en la responsabilidad individual, demostró ser limitada, especialmente, porque invisibilizaba los obstáculos estructurales que siguen condicionando la trayectoria laboral de muchas mujeres.
Como consecuencia, el ideal de profesional empoderada, hiperproductiva, siempre motivada y capaz de llegar a todo ha ido dando paso a una visión más realista de lo que de verdad supone el liderazgo, y no todas las mujeres parecen dispuestas a pagar ese precio. La última edición del informe anual Women in the workplace, realizado por Lean In y McKinsey, confirma que tanto mujeres como hombres están igualmente comprometidos con su trabajo, pero empieza a abrirse una brecha en lo que respecta a su deseo de avanzar en su carrera. A nivel global, el 86% de los hombres declaran su intención de ascender, frente a solo el 80% de las mujeres.
Las cosas, sin embargo, no empiezan así. Las mujeres jóvenes son muy ambiciosas. De hecho, las menores de 30 años están más interesadas en promocionar que los hombres jóvenes, aunque a medida que pasan los años y avanzan en su carrera, ese deseo va perdiendo intensidad. Después de los 40 años, solo el 52% de las mujeres que siguen en puestos operativos quieren ascender, frente al 71% de los hombres en la misma situación. Pero incluso las que han conseguido llegar a puestos directivos se muestran cada vez más reacias a seguir escalando. Llegadas a ese punto, tienen muy claro que el camino hacia el liderazgo puede hacerse muy cuesta arriba: son muchas las que han sido ignoradas cuando en sus empresas ha habido opciones de ascender (18%) y las que reconocen sentirse agotadas o infelices (21%).
Con el paso de los años, las mujeres son también más conscientes del peso que el género tiene en el entorno corporativo. El que su género les dificulte ascender es una cuestión que solo preocupa al 17% de las nuevas profesionales, pero al llegar a puestos senior, el porcentaje aumenta hasta el 29%. Como señala el análisis, no es de extrañar que al llevar más tiempo en el mercado laboral, las más veteranas hayan tenido más ocasiones de sentir el viento en su contra. Como curiosidad, también aumenta el porcentaje de hombres a los que les preocupa que su género les limite, un dato en línea con otras investigaciones de distintos ámbitos que señalan que un porcentaje reseñable de varones se sienten perjudicados por los avances en igualdad de género.
Falta de apoyo y corresponsabilidad
En este momento de cambio e incertidumbre en lo laboral es probable que existan muchos factores que obstaculicen el deseo de progresar de las mujeres, pero el informe hace hincapié en uno en concreto: la falta de apoyo. Las mujeres que en los inicios de su carrera tienen la oportunidad de dirigir equipos y disfrutan de niveles similares de apoyo por parte de jefes o colegas de mayor jerarquía se muestran igual de entusiasmadas por ascender al siguiente nivel que sus compañeros. Es decir, que la supuesta brecha de la ambición podría ser, en realidad, una brecha de oportunidades.
A eso se suma que las mujeres continúan asumiendo más responsabilidades en el hogar y la crianza de los hijos. Casi el 25% de las que declaran no estar interesadas en ascender afirman que el principal motivo son sus obligaciones personales, que les dificultaría aceptar trabajo extra. No resulta precisamente una sorpresa que esas mujeres desproporcionadamente agobiadas en el hogar no estén por la labor de sumar más obligaciones en la oficina.
Falta de conciliación y corresponsabilidad, falta de apoyos, sesgos conscientes o inconscientes, penalización por maternidad, brecha salarial, precariedad … A estas alturas, las mujeres son muy conscientes de que querer no siempre es poder y de que no todas las barreras pueden superarse con trabajo duro, resiliencia y confianza en una misma. El talento y el esfuerzo siempre serán fundamentales, pero no eliminan la necesidad de cambios estructurales, a nivel social y laboral, que hagan posibles que más mujeres puedan satisfacer su ambición sin pagar por ello un alto coste.



