El salario emocional: qué es, por qué importa y cómo negociarlo
Para cada vez más personas, ganar bien ya no es suficiente si el trabajo no aporta bienestar, sentido y calidad de vida

Tradicionalmente, la conversación sobre trabajo y retribución había girado casi exclusivamente en torno al salario económico. La teoría era: tanto vales, tanto ganas, y cuanto más ganas, más contento deberías estar. Era un planteamiento sencillo, aunque bastante limitado. Ahora, sin embargo, la cifra que aparece en la nómina ya no es la única medida del valor de los profesionales, ni tampoco de su satisfacción. Cada vez son más los trabajadores que priorizan cosas como el tiempo libre, la flexibilidad y la capacidad de organización, por encima incluso de la retribución económica.
En este contexto marcado por el cambio de prioridades y con un mercado laboral cada vez más competitivo, ha empezado a cobrar fuerza el concepto de salario emocional. Hace referencia al conjunto de beneficios no económicos que una empresa ofrece a sus empleados y que influyen directamente en su satisfacción, motivación y compromiso. No se refleja en su nómina, pero sí (y mucho) en su experiencia diaria.
“El mercado laboral ahora mismo es muy competitivo y hay muchísima rotación. Además, la generación Z valora otras cosas. Para ellos, el salario no es algo que les vaya a fidelizar toda la vida, lo otro sí”, explica Andrea Ramos, experta en recursos humanos y creadora de contenido. No se trata de que los jóvenes tengan menos de trabajar o sean menos ambiciosos que sus mayores, como a menudo se les acusa. Sí son ambiciosos, pero en otro sentido. “En otras épocas, toda la ambición estaba centrada en el trabajo. Las nuevas generaciones, entre las que yo me incluyo, somo ambiciosos en tener proyectos personales y tiempo libre, no queremos pasarnos doce horas sentados delante de un ordenador”.
El salario emocional no es un concepto cerrado y puede variar según la empresa, el sector o la etapa vital del trabajador. Incluye factores relacionados con la conciliación (flexibilidad horaria, posibilidad de teletrabajo o modelos híbridos, jornadas intensivas o reducidas, permisos ampliados), el bienestar físico y emocional (seguro médico, programas de salud mental, prevención del estrés y burnout) o el desarrollo profesional (formación, planes de carrera, programas de mentoring y acompañamiento, posibilidades de asumir nuevos retos). Pero también tiene que ver con cuestiones relacionadas con el reconocimiento profesional, el alineamiento con los valores de la empresa y el buen clima laboral. La aspiración ya no es solo ganarte bien la vida con algo que te guste, sino hacerlo en un lugar con buen ambiente, políticas que tengan que ver con tu forma de ver el mundo y una cultura organizativa transparente.
No se trata precisamente de cuestiones menores. El salario emocional tiene un impacto directo en la productividad y la salud mental de los empleados. Y en muchos casos, son factores decisivos a la hora de aceptar, mantener o abandonar un empleo. “Trabajo como reclutadora desde hace más de ocho años y he notado el cambio”, asegura Ramos. “Ahora me encuentro más negociaciones basadas 100% en el salario emocional que negociaciones puramente salariales. Las posibilidades de conciliación, la flexibilidad y el clima laboral son los criterios centrales en la decisión de muchas personas para cambiar de empleo”.
La recruiter hace hincapié en un aspecto en concreto que hoy marca la diferencia: el teletrabajo. “Muchas de las empresas que lo ofrecieron durante la pandemia están intentando que la gente vuelva a la presencialidad o a un modelo híbrido. Por lo general, los trabajadores ‘compran’ el modelo híbrido, pero poniendo encima de la mesa el porcentaje de tiempo que pueden teletrabajar o que tienen que ir a la oficina”.
En algunos casos, un paquete de salario emocional puede compensar un salario más bajo. En otros, actúa como complemento imprescindible. Por eso hay cada vez más empresas que entienden que la retribución ya no es solo monetaria, sino global y experiencial. “Todavía hay algunas un poco reticentes que se siguen aferrando al bruto anual, pero a esas empresas les va a costar muchísimo más contratar que a las que ofrecen beneficios sociales”. En un mercado laboral cada vez más exigente, las organizaciones que entiendan y gestionen bien este concepto estarán mejor preparadas para atraer, cuidar y fidelizar a los mejores trabajadores. “El boca a boca es muy importante. Cuando oyes de una empresa que cuida a la plantilla, ofrece plan de formación, desarrollo de carrera, team building... esas cosas que no cuestan dinero y que hacen felices a los trabajadores, mejora su marca empleadora y, por ende, su capacidad de atraer talento”.
Cómo negociar el salario emocional
El auge del salario emocional refleja un cambio profundo en la relación entre personas y trabajo. Ya no se trata solo de cuánto se gana, sino de cómo se vive el trabajo. Dado que los parámetros son otros, la forma de negociar el salario emocional también requiere un enfoque distinto al de la negociación salarial tradicional. “Para negociar el salario emocional tienes que tener una estrategia y unas expectativas muy claras”, recomienda Andrea Ramos. Como decíamos, no es un concepto homogéneo ni universal. Para una persona joven puede ser formación y proyección internacional, mientras que para una mujer de más de 45 años puede ser flexibilidad horaria, estabilidad o un entorno laboral que no penalice la experiencia. Al ser algo altamente individual, todo empieza marcando prioridades. “El primer paso es saber realmente lo que necesitas y centrarte en eso”, indica Ramos. Elegir bien el momento también es importante. “No te pongas a negociarlo en la entrevista telefónica, porque seguramente pensarán que ya estás pidiendo sin saber qué vas a ofrecer a cambio. Es mejor esperar a la segunda o la tercera entrevista, cuando ya hayas dejado claro lo que puedes aportar”. En caso de que quieras plantear una negociación en la empresa en la que ya trabajas, es mejor hacerlo aprovechando un cambio de rol, una ampliación de responsabilidades o una evaluación de desempeño.
Muchas medidas de salario emocional tienen bajo coste económico para la empresa y alto impacto en el bienestar del empleado. Considerarlas como una forma de mejorar el rendimiento y el compromiso facilita el acuerdo. “Algo que funciona muy bien es presentarlo como algo que beneficia a las dos partes, el clásico win-win”, recomienda la experta. Por último, también es recomendable ser concreto y realista. En lugar de peticiones genéricas, es mejor proponer medidas concretas: dos días de teletrabajo a la semana, un horario flexible de entrada y salida, acceso a formación específica, etcétera.




