Tigray, la guerra olvidada cuyas heridas siguen abiertas para miles de mujeres
Miles de mujeres que sufrieron violencia sexual durante el conflicto en esta región de Etiopía luchan por recuperar su autonomía y reconstruir sus vidas

El nombre de Tigray probablemente le diga poco a la mayoría de la gente, aunque ha sido escenario de una de las peores crisis humanitarias de este siglo. La guerra civil etíope ha dejado más de 600.000 muertos y más de 2,5 millones de desplazados en dos años, pero ha sido un conflicto prácticamente invisible para buena parte de la comunidad internacional.
Situada al norte del país, Tigray es una de las de las doce regiones autónomas que integran la República Democrática Federal de Etiopía. No es ni la más grande, ni la más poblada, ni la más rica, pero se trata de un territorio con un gran peso histórico, cultural y político en el país, tradicionalmente considerado la cuna de la civilización etíope. En las últimas décadas, además, su élite política y militar ha gobernado Etiopía. El Frente de Liberación Popular de Tigray (TPLF) lideró, en 1991, el derrocamiento de la brutal dictadura militar comunista y durante casi treinta años controló con mano de hierro la coalición de partidos que ha controlado el gobierno federal, el ejército y la economía del país. Pero en 2018, tras masivas protestas ciudadanas, la coalición nombró primer ministro a Abiy Ahmed, que rápidamente comenzó a apartar a los líderes de Tigray de los ministerios clave, el ejército y la inteligencia. El TPLF interpretó esto como una persecución política, y el conflicto fue escalando hasta que en noviembre de 2020 estalló una cruenta guerra civil. A finales de 2022 se firmaron los Acuerdos de Paz de Pretoria, pero tras un periodo de frágil calma, los combates volvieron a retomarse el pasado mes de septiembre y continúan en localidades del norte y centro de Tigray.
Egoaizia es una de las organizaciones españolas que trabajan en la región. Esta ONG fundada en localidad de Eibar (Guipúzcoa), trabaja especialmente con mujeres supervivientes de violencia sexual derivada del conflicto, porque como ha sucedido en tantas ocasiones, también en Tigray los cuerpos de las mujeres y las niñas se convirtieron en arma de guerra. Naciones Unidas ha denunciado que la violencia de género se ha utilizado allí como una estrategia militar sistemática para destruir a la población civil, a través de violaciones grupales y sistemáticas, violencia reproductiva, embarazos forzados y transmisión intencionada del VIH y otras enfermedades. Se estima que más de 120.000 mujeres han sufrido allí violencia sexual.
El proyecto Haftey, desarrollado por Egoaizia en colaboración con la organización local 4YBIN, busca devolverles ahora la independencia económica y la dignidad. “El proyecto no se centra solamente en dar una respuesta a sus necesidades más urgentes, sino en acompañarlas en un proceso mucho más amplio para que puedan recuperar poco a poco su bienestar, su autonomía y tengan la oportunidad de reconstruir sus vidas”, explica María Toro, responsable de los programas humanitarios en Etiopía de Egoaizia. “Las consecuencias de la violencia no terminan cuando acaba la guerra. Muchas mujeres siguen viviendo con traumas profundos, problemas de salud, incluso a veces también el rechazo de sus propias familias o de sus comunidades. Haftey combina atención psicológica y sanitaria, pero también apoyo para cubrir las necesidades básicas. También asesoramiento sobre sus derechos y formación, y recursos para que puedan generar sus propios ingresos”.

Una de las cosas que más impactó a María Toro cuando llegó a Tigray fue ver cómo, pese a ser uno de los colectivos más afectados por la violencia de la guerra, las mujeres han seguido sosteniendo la vida cotidiana en el proceso de recuperación que se inició hace cuatro años. “Hablamos de mujeres que han perdido familiares, hogares, medios de vida y que al mismo tiempo siguen teniendo que buscar cómo alimentar a sus familias, trabajar y sacar adelante a sus hijos e hijas. En el caso de las supervivientes de violencia sexual, a todas estas dificultades se le suman el trauma y muchas veces el rechazo social. Pero también me parece importante recordar que estas mujeres son mucho más que la violencia que han sufrido. Son madres, son agricultoras, comerciantes, cuidadoras, mujeres con conocimientos, capacidades, aspiraciones y proyectos de vida”.
En una primera fase, Haftey empezó a atender a 12 mujeres en Mekele, la capital de Tigray, y ahora al proyecto a se han sumado otras 35 más, esta vez en una zona rural de Tigray. Por un lado, reciben apoyo psicológico, tanto individual como en grupo, tienen acceso a servicios sanitarios o asesoramiento legal si lo necesitan, pero también se les ayuda a cubrir sus necesidades básicas. Se trata, en definitiva, de ofrecer una atención completa, porque, como indica Toro, “no basta con ofrecer atención psicológica durante un tiempo si después la mujer no tiene como alimentarse y tampoco basta con darle recursos económicos sin atender las consecuencias de la violencia que ha sufrido”.
Una parte fundamental del proyecto es ayudarles a recuperar la independencia económica. “En la primera fase del proyecto, en 2025, se les ofreció formación y recursos para la cría de gallinas y que pudieran obtener ingresos con la venta de huevos. En esta segunda fase se está ampliando el tipo de actividades económicas, teniendo en cuenta las prioridades o los intereses de las mujeres, sus capacidades y experiencias. Puede ser a través de ser actividades agrícolas, pequeños negocios, alimentación, artesanía, etcétera”.
Por último, se trabaja la parte comunitaria, con recursos como los grupos de apoyo o prácticas locales como las ceremonias del café. “Son una tradición cultural muy arraigada, una forma de reunirse, conversar y compartir tanto en familia como con los vecinos”, explica Toro. “Se han convertido en espacios de encuentro, especialmente entre mujeres, donde pueden escucharse, pasar un rato juntas y así apoyarse unas a otras. Esto es especialmente importante en estos contextos, porque muchas de las supervivientes han vivido situaciones de muchísimo aislamiento. A través de estas ceremonias del café conseguimos recuperar esos vínculos, que sientan que no están solas, que vuelven a formar parte de una red de apoyo”.

María Toro y Lierni Fernández, compañera de Egoaizia, participarán el próximo jueves 29 en un encuentro celebrado en El Almacén de Viajes donde compartirán su experiencia trabajando en Tigray y hablarán de la situación de la población tras el conflicto, especialmente de las mujeres y niñas que sufrieron la violencia sexual. “Nos gustaría que el público conociera estas mujeres desde otra mirada, que no se quedaran únicamente con el sufrimiento que han vivido, sino que conocieran también su fuerza, sus capacidades, la solidaridad que existe entre ellas y el papel tan importante que tienen en la reconstrucción no solo de sus vidas, sino de sus comunidades”. La recaudación del evento se destinará íntegramente a financiar el proyecto Haftey.



