Mujeres que sostienen a mujeres: la red española que ayuda a las afganas a reconstruir sus vidas
Netwomening es una organización que acompaña a refugiadas afganas bajo protección internacional

Cuando, en agosto de 2021, el último avión de las tropas occidentales partió de Kabul, las mujeres afganas quedaron abandonadas a su suerte. Sometidas de nuevo al yugo talibán y abandonadas por las instituciones internacionales, la principal esperanza para las que intentan huir y reconstruir una vida en otro país son redes como NetWomening, una asociación sin ánimo de lucro que trabaja en España acompañando a refugiadas afganas bajo protección internacional.
“Los días antes de la salida de Estados Unidos y la OTAN de Afganistán, varias mujeres nos movilizamos para ayudar a salir del país a mujeres juristas, periodistas, profesoras y otras profesionales, activistas por los derechos de las mujeres y de las niñas afganas que habían vivido amenazadas por los talibán durante años y que en ese momento se encontraban en una situación desesperada”, explica María José Rodríguez Becedas, presidenta de NetWomening. “Los talibán tomaron las instituciones, sacaron a todos los condenados de las cárceles y comenzaron la búsqueda y represión de quienes se habían opuesto públicamente a ellos. En esos meses ayudamos a más de cuarenta mujeres y a sus familias a salir y pedir asilo a España, y desde entonces les damos apoyo a ellas y a muchas otras mujeres que han llegado después”.
En estos momentos, salir del país es para las afganas la única posibilidad de tener una vida libre. “La represión contra las mujeres en Afganistán bajo el régimen talibán desde agosto de 2021 constituye un verdadero apartheid de género y una persecución sistemática, legalizada y normalizada que persigue eliminar su presencia de la vida pública y limitar su libertad al ámbito doméstico”, asegura Rodríguez Becedas.
El movimiento talibán surgió en 1994, en plena guerra civil, en zonas rurales de Kandahar, al sur del país. Sus miembros eran inicialmente estudiantes de origen pastún (‘talibán’ significa ‘estudiantes’ en pashto) formados en escuelas coránicas. Muchos de ellos eran veteranos de la lucha contra la ocupación soviética, que se prolongó hasta 1989. Liderados por el mulá Omar, fueron ganando popularidad con su promesa de restaurar la paz y el orden mediante una estricta interpretación de la sharía (ley islámica). Tras tomar Kandahar, se hicieron con Kabul en 1996, estableciendo el Emirato Islámico de Afganistán y controlando la mayor parte del país hasta 2001. Durante esos años prohibiendo a las mujeres trabajar y estudiar, y restringieron la música, la televisión y el arte.
Todo cambió con los atentados del 11S, que convirtieron a Oriente Medio en el epicentro de la llamada ‘guerra contra el terrorismo’ liderada por Estados Unidos. Su primera respuesta fue la invasión de Afganistán, donde se refugiaba Osama bin Laden, para derrocar al régimen talibán. Comenzó entonces un conflicto de casi dos décadas (la de Afganistán es la guerra más larga de la historia de Estados Unidos) y los esfuerzos internacionales por reconstruir el país. Tras la caída del primer régimen talibán, la vida de las afganas mejoró: las niñas volvieron al colegio y a la universidad, la tasa de alfabetización femenina se duplicó y la esperanza de vida de las mujeres aumentó diez años gracias a una reducción drástica en la mortalidad materna. La constitución de 2004 garantizó formalmente la igualdad de derechos y reservó una cuota de escaños para mujeres en el Parlamento. Pero a pesar de los logros en cuanto a derechos y participación pública, muchas mujeres continuaron enfrentando abusos, matrimonios forzados y discriminación sistémica y en zonas rurales, las actitudes tradicionales y la falta de seguridad limitaban drásticamente su autonomía.
Sea como fuere, cualquier atisbo de progreso fue aniquilado en 2021, con la retirada internacional de Afganistán y el colapso del gobierno de Ashraf Ghani, lo que propició el regreso al poder de los talibán. Se confirmó entonces el peor escenario posible para las afganas. Con la reinstauración del Emirato Islámico volvieron las restricciones severas a las mujeres y la censura. En estos cuatro años las cosas solo han ido a peor. “Durante los años anteriores, a pesar de la presencia de países de la OTAN y del régimen democrático del anterior gobierno, las mujeres sufrían represión e injusticias en muchas zonas del territorio, especialmente en zonas rurales, pero no eran una imposición legal. Lo inadmisible de la situación actual es que es la propia ley la que impone un maltrato sistemático, amparando las violaciones de todos los derechos contra las mujeres y las niñas”, señala la presidenta de NetWomening.
Efectivamente, el régimen ha desmantelado instituciones y cualquier marco de protección: no existen vías judiciales o legales de defensa y se han implementado medidas drásticas contra las mujeres. Entre otras cosas, las niñas solo pueden ir al colegio hasta 6º de primaria. “Nos dicen algunas mujeres que suspenden para repetir y así poder ir un año más al colegio”, explica Rodríguez Becedas. “Las mujeres no pueden hablar en público, ni trabajar. Solo pueden salir a la calle en caso de necesidad, acompañadas de un tutor o ‘mahram’ y cubiertas por un burka. No están recibiendo asistencia sanitaria, pues solo la pueden recibir de mujeres y, salvo en alguna excepción, las mujeres ya no trabajan en los hospitales ni en ningún otro sitio. Tampoco pueden ir a jardines, parques o zonas públicas, ni hacer deporte o conducir. Tampoco pueden ser vistas por las ventanas, por lo que las ventanas que dan a la vía pública en muchos casos se han tapiado”.
También se han disparado los casos de matrimonio infantil, porque muchas familias necesitan el dinero de las dotes para mantenerse. “Las familias en las que no hay hombres en edad de trabajar están condenadas a la miseria o a aceptar matrimonios forzosos”. La organización alerta del riesgo de que esa visión sobre la mujer se extienda a otros países del entorno y de lo difícil que será revocar sus efectos devastadores efectos a corto-medio plazo, porque toda una generación de niñas está creciendo sin acceso a formación ni medios de información y toda una generación de niños se están criando pensando que eso es lo normal.
Netwomening trabaja apoyando a mujeres afganas bajo protección internacional en España y a sus familias, un estatus muy difícil de conseguir. “Salir del país es materialmente imposible para millones de mujeres. Las que lo logran es con ayuda de familiares o porque cuentan con una buena posición económica, y normalmente llegan a Pakistán o Irán, donde las embajadas de España están desbordadas. Tardan entre dos y tres años en darles cita, cuando les contestan. Obtener la cita y después resolución positiva y visado para poder viajar a España es cada vez más difícil y lento. No tenemos datos precisos, pero calculamos que menos de 4.000 personas han podido venir a España a través de la evacuación inicial y la vía de las embajadas”.
Según la organización, también se están denegando a muchas mujeres su petición de promoción a España a través del artículo 38 de la Ley de Asilo, que regula la solicitud de protección internacional en embajadas y consulados. Este artículo permite a los embajadores españoles promover el traslado a España de personas que corran peligro en su país de origen para formalizar su solicitud de asilo. “Estamos recurriendo ante la Audiencia Nacional con la colaboración de abogados y procuradores pro bono. Ahora mismo tenemos diecisiete casos activos y en 2025 cinco mujeres consiguieron venir a España por resoluciones de la Audiencia Nacional en procesos que hemos apoyado”. Sus reivindicaciones se basan en tres argumentos: primero, que, como denuncian las organizaciones internacionales de derechos humanos y la ONU, el régimen talibán ha impuesto un apartheid contra las mujeres y las niñas afganas; el hecho de que su integridad física corren un riesgo grave y debe garantizarse su derecho a la protección internacional, y la sentencia de octubre de 2024 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que reconoce que la violencia y discriminación sistemáticas sufridas por mujeres afganas constituyen actos de persecución y que la combinación de género y nacionalidad puede ser suficiente para el reconocimiento del estatuto de refugiado. “Las mujeres que acompañamos también han dirigido quejas al Defensor del Pueblo por retrasos en la atención de sus solicitudes de traslado a España y porque no resuelven sus recursos de reposición, obligándolas a ir a los tribunales españoles, con el coste que esto conlleva. El Defensor del Pueblo lo incluirá en su próximo informe. En definitiva, cada vez es más difícil, pero tratamos de seguir ayudando”.
En su esfuerzo por conseguirlo, la organización ha ido encontrando a más personas, como juezas y fiscales, que trabajaban en la misma línea y se han ido uniendo al proyecto. Actualmente, la red de madrinas y voluntarias de Netwomening está formada por más de doscientas mujeres. “Nuestro objetivo es darles acompañamiento personal y que conozcan a nuestras familias y entornos, que es la forma en que la sociedad civil puede y debe ayudar en su inclusión”.
El proceso, una vez las mujeres llegan a España y solicitan ayuda a la organización, empieza cuando se les asigna una ‘madrina’ que se encarga del seguimiento del caso. Los equipos de voluntarias ofrecen ayuda en multitud de ámbitos: clases de español, búsqueda de empleo (mentoring, personal para preparar el CV, aplicar a ofertas en redes de empleo y preparar entrevistas), búsqueda de oportunidades académicas y de becas, apoyo psicológico a través de un nuevo equipo de voluntarias, apoyo jurídico, acuerdos con otras entidades como el Colegios Profesional de Odontólogos o la Fundación Multiópticas para que les proporcionen servicios básicos no cubiertos, y apoyo material como ordenadores y móviles a través de donaciones. La organización también está trabajando para dar visibilidad a la situación de las mujeres y niñas afganas entre la sociedad española.
En este sentido, NetWomening ha lanzado, en colaboración con la agencia Innocean Spain, una campaña titulada Las voces que no pueden callarse, una campaña que se está difundiendo a través de medios online y que hace hincapié de una paradoja: vivimos en un mundo donde la tecnología tiene voz de mujer —el GPS del coche, los asistentes virtuales, etcétera—, pero en Afganistán ninguna mujer puede hablar en público. En la campaña han colaborado Susana Ballesteros e Iratxe Gómez, voces de asistentes virtuales reconocibles en España, que representan simbólicamente a las mujeres afganas silenciadas.
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