Cómo impulsar la igualdad en la ciencia más allá del 11F
Investigadoras y líderes científicas defienden un modelo de liderazgo inclusivo como estrategia clave para el progreso

En 2024, por primera vez desde su creación en 1982, los Premios Nacionales de Investigación reconocieron a más mujeres que hombres (doce científicas y ocho investigadores). Ese hito no fue casual, sino fruto de un cambio en las bases que incluía jurados paritarios y medidas para aumentar el número de candidatas, como exigir al menos un 40% de mujeres a las instituciones que presentaran más de dos candidaturas. Antes de estos cambios, la presencia femenina era anecdótica; en algunas categorías como ciencias físicas, solo se había premiado a una mujer en toda la historia. Un ejemplo más de que las medidas para promocionar la igualdad funcionan y de que en la ciencia, como en todos los ámbitos, si se quieren cambios hay que impulsarlos. “Ni no pasa nada porque somos muchas ni [la igualdad] es cuestión de tiempo, es algo que tenemos que acelerar”, aseguró Marisol Soengas, directora del grupo de Melanoma en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y coordinadora de su oficina de igualdad, en una jornada sobre liderazgo inclusivo organizada por el CNIO que contó con la participación de representantes de distintos centros y asociaciones.
“La buena ciencia necesita libertad y diversidad de miradas”, indicó Eva Ortega-Paíno, investigadora oncológica y secretaria general de Investigación del Ministerio de Ciencia. “No es una cuestión de falta de talento, sino de modelos, de cultura organizativa y de falta de liderazgo. Liderar en ciencia no es solo dirigir proyectos y atraer financiación”. En este sentido, frente a los liderazgos personalistas, autoritarios y tóxicos que dominan el mundo, durante la jornada se defendió un modelo más centrado en el bien común. “Ser líder no va de ser más poderoso, sino de hacer un servicio público”, indicó Carmen Fenoll, doctora en Biología y expresidenta de AMIT. “En un contexto marcado por la transformación, hablar de liderazgo inclusivo ya no es una cuestión aspiracional, sino una necesidad estratégica”, indicó Esther Valdivia, editora de Mujeres a Seguir y moderadora de una de las mesas. “La capacidad de atraer y retener talento diverso, y de generar entornos igualitarios se ha convertido en un factor clave para el progreso de las organizaciones, especialmente en ámbitos tan críticos como la salud, la investigación y la biotecnología”.
Según la última edición del informe Científicas en Cifras, la proporción de investigadoras en España permanece estable. Desde 2014 ha crecido solo un punto hasta alcanzar el 39,6% en 2023. El análisis destaca que la progresión profesional de las mujeres dentro de la carrera investigadora sigue marcada por el efecto de ‘tubería rota’: en etapas iniciales de la carrera investigadora hay paridad, pero la proporción de mujeres va reduciéndose conforme avanza la carrera investigadora y son muy pocas las que alcanzan los puestos más altos.
Equilibrar la excelencia basada en el mérito que, lógicamente, debe dominar en la ciencia con la necesidad de corregir desigualdades históricas no representa en realidad mayor problema, según los participantes en la jornada. Como indicó Arkaitz Carracedo, profesor investigador en el Centro de Investigación Cooperativa en Biociencias de Bizkaia, se trata de que “en este proceso la calidad científica esté en el centro, eso es lo que no hay que tocar, y en todo lo demás, podemos ajustar para llegar a la paridad”.

El CNIO es un buen ejemplo de que el cambio es posible. En los últimos años, el centro ha ido poco a poco implantado medidas, “a menudo con reticencias iniciales”, reconoció Isabel López, coordinadora de la oficina de igualdad del CNIO, como la flexibilidad horaria, la jornada continua, la prohibición de fijar reuniones estratégicas a partir de las 16 horas o los comités paritarios, que han conseguido mejoras significativas en la representación femenina. Todo, gracias al esfuerzo de personas que para implicarse en esta misión han tenido que renunciar a tiempo de investigación o hacer renuncias personales. Por eso, apuntó López, es fundamental “dotar a estas oficinas [de igualdad] de presupuesto y darles un puesto visible en sus organigramas, porque el tiempo voluntario es limitado y si no tienes recursos, todavía más”.
La Asociación Española de Investigación sobre el Cáncer (Aseica) publicaba ayer los resultados de una encuesta entre estudiantes que indicaba que solo el 3,9% de los escolares españoles mencionan a una mujer cuando se les pregunta por referentes científicos, demostrando que la juventud sigue teniendo una visión estereotipada de la ciencia y muy ligada al ‘genio masculino’. “El mito de la excelencia es terrible, porque quién define qué es la excelencia”, se preguntó Ana López-Díaz, vicepresidenta de GEMF. “Las niñas nunca son excelentes, son aplicadas, y en la ciencia también ocurre eso. Hemos aprendido a estar en los márgenes desde el patio del colegio. Es un problema estructural, político y de poder, y si no se ataca desde ahí, no tiene solución”.
Cambiar percepciones e imaginarios no es fácil, y requiere un enfoque estratégico y un trabajo continuo que no se puede concentrar en un momento concreto del año. Y es que, como recordó Teresa Valdés-Solís, doctora en tecnologías del medio ambiente y vicepresidenta de la comisión de mujeres y ciencia del CSIC, “todas las instituciones hacen un esfuerzo de visibilidad para el 11F, pero corremos el resigo de que el 12F o el 13F todo se pierda”.




