Cuando el control se confunde con el amor: las nuevas formas de violencia digital entre los jóvenes
Un estudio impulsado por YSL Beauty advierte de cómo las redes sociales, la vigilancia constante y la IA están favoreciendo nuevas formas de abuso en las relaciones de pareja

Compartir la ubicación en tiempo real, exigir las contraseñas de las redes sociales, vigilar los 'me gusta' de la pareja o reclamar respuestas inmediatas a los mensajes son comportamientos que pueden llegar a interpretarse como muestras de interés, preocupación o compromiso sentimental, pero pueden esconder formas de control y violencia psicológica. La creciente normalización de estas prácticas entre los jóvenes está dificultando que identifiquen cuándo una relación deja de ser saludable y comienza a convertirse en abusiva.
Esta es una de las principales conclusiones de una investigación impulsada por YSL Beauty, que analiza cómo las nuevas tecnologías, las redes sociales y la inteligencia artificial están transformando las manifestaciones de la violencia de pareja. El trabajo advierte de que los jóvenes de entre 16 y 24 años constituyen uno de los colectivos más vulnerables a estas dinámicas y, al mismo tiempo, uno de los que dispone de menos herramientas para reconocerlas.
La investigación, desarrollada por la psicóloga y consultora Nina Jane Patel y publicada en Stanford Journal of Trust and Safety, se basa en un análisis cualitativo realizado con especialistas de organizaciones no gubernamentales de diez países: España, Francia, Estados Unidos, Reino Unido, Suecia, Sudáfrica, Indonesia, Grecia, Brasil y República Checa. Aunque el estudio no ofrece una estimación global de la prevalencia de estas conductas, recoge indicadores que reflejan la creciente preocupación de las organizaciones que trabajan con las víctimas. Entre ellos, los datos de la entidad británica Refuge, que registró un incremento superior al 62% en las solicitudes de ayuda relacionadas con el abuso digital durante 2025.
Por qué los jóvenes tienen dificultades para reconocer el abuso digital
El informe identifica cuatro barreras fundamentales que dificultan el reconocimiento de la violencia de pareja facilitada por la tecnología, a las que añade una quinta amenaza emergente relacionada con la inteligencia artificial. La primera es la normalización del control digital. Prácticas como compartir permanentemente la ubicación, facilitar las contraseñas o supervisar la actividad de la pareja en redes sociales se han integrado en las relaciones cotidianas hasta el punto de que, en determinadas circunstancias, dejan de percibirse como comportamientos invasivos. La ausencia de agresiones físicas visibles contribuye, además, a que estas formas de violencia psicológica pasen inadvertidas.
La segunda barrera tiene que ver con los modelos de conducta aprendidos durante la infancia. Según la investigación, determinados hábitos de supervisión digital por parte de padres y cuidadores, aunque respondan a una intención protectora, pueden transmitir la idea de que querer a alguien implica tener derecho a conocer todos sus movimientos. Esta asociación entre afecto y vigilancia puede trasladarse posteriormente a las relaciones sentimentales.
A ello se suma una falta de lenguaje para identificar el abuso. Los jóvenes pueden experimentar ansiedad o malestar ante la vigilancia constante, pero no siempre cuentan con las herramientas necesarias para interpretar esas situaciones. En lugar de reconocerlas como comportamientos de control, pueden describirlas como manifestaciones de intensidad emocional, protección o celos.
El cuarto obstáculo se encuentra en las dificultades para aplicar de manera efectiva los mecanismos de protección existentes. El informe cuestiona especialmente las respuestas que se limitan a recomendar a las víctimas que bloqueen al agresor o abandonen las plataformas digitales. Estas soluciones pueden terminar trasladándoles la responsabilidad de evitar el abuso y provocar su aislamiento de espacios fundamentales para sus relaciones sociales.
La inteligencia artificial abre nuevas vías para la violencia de pareja
A estos factores se añade la rápida expansión de la inteligencia artificial generativa, que está proporcionando nuevas herramientas para ejercer el acoso, la manipulación y la extorsión. El informe identifica, entre las amenazas emergentes, la creación de imágenes íntimas falsas mediante deepfakes, incluidas las aplicaciones que permiten simular desnudos sin consentimiento. Estas tecnologías pueden utilizarse para amenazar a una persona con la difusión de contenido sexual manipulado y obligarla a actuar contra su voluntad.
También advierte del uso de herramientas de IA para redactar mensajes engañosos o manipuladores, así como de determinados chatbots que pueden reforzar o validar comportamientos de control dentro de una relación. El problema no se limita, por tanto, a la aparición de nuevas formas de agresión. La tecnología también puede amplificar comportamientos abusivos que ya existían, facilitando una vigilancia más constante y extendiendo sus consecuencias más allá de los encuentros presenciales.
Nueve señales de alerta para identificar el control en las relaciones digitales
A partir de las conclusiones de esta investigación, YSL Beauty ha decidido ampliar su programa internacional El Abuso No Es Amor, creado en 2020, para adaptar sus nueve señales de alerta a las nuevas formas de violencia que pueden manifestarse a través de las tecnologías digitales. Estas son las conductas que la iniciativa invita a reconocer:
- Ignorar como castigo. Dejar deliberadamente de responder a los mensajes o desactivar las notificaciones para castigar emocionalmente a la pareja.
- Chantajear. Amenazar con difundir fotografías, conversaciones privadas, capturas de pantalla o imágenes manipuladas mediante inteligencia artificial.
- Humillar. Publicar contenidos vergonzosos o descalificar a la pareja en redes sociales.
- Manipular. Utilizar la culpa para conseguir determinados comportamientos, con expresiones como “si me quisieras, me darías tu contraseña”.
- Mostrar celos como forma de vigilancia. Cuestionar continuamente los 'me gusta', las cuentas que sigue la pareja o sus interacciones en redes sociales.
- Controlar. Imponer a quién puede seguir o bloquear la otra persona y decidir qué contenidos puede publicar.
- Invadir la privacidad. Exigir contraseñas, revisar conversaciones privadas o rastrear la ubicación en tiempo real.
- Aislar. Obligar a eliminar perfiles sociales, bloquear amistades o abandonar grupos de conversación.
- Intimidar. Enviar mensajes insistentes y utilizar las confirmaciones de lectura para presionar o castigar los retrasos en las respuestas.
La iniciativa busca que los jóvenes aprendan a distinguir entre las interacciones digitales habituales y aquellas conductas que, por su carácter coercitivo o manipulador, pueden constituir señales de una relación abusiva.
La prevención, clave para evitar que el control se convierta en violencia
El programa El Abuso No Es Amor, presente actualmente en 30 mercados, se articula en torno a cuatro líneas de actuación: formación interna, colaboración con organizaciones sin ánimo de lucro, investigación académica y educación pública. Su planteamiento se centra especialmente en la prevención y en la identificación temprana de comportamientos abusivos, antes de que puedan agravarse.



