Las lecciones sobre liderazgo y ambición femenina de ‘El diablo viste de Prada’
En una conversación con 'The New York Times', las protagonistas de la película reflexionan sobre lo que sus papeles les han enseñado

Este fin de semana ha llegado a los cines la muy esperada segunda parte de El diablo viste de Prada, una película que no solo fue un enorme éxito de taquilla hace veinte años (recaudó más de 326 millones de dólares con un presupuesto de 35), sino que se convirtió en un fenómeno cultural. La historia de una aspirante a periodista que aceptaba un trabajo de asistente de dirección en una importante revista de moda consiguió retratar, con bastante acierto, la cultura de trabajo, el consumismo y el poder de los medios a principios de los 2000.
El personaje de Miranda se convirtió en el modelo de jefa exigente. La actuación de Meryl Streep, inspirada en exeditora de Vogue, la icónica Anna Wintour, redefinió las villanas carismáticas, demostrando que el poder femenino podía ser intimidante y elegante a la vez. La cinta también retrataba el precio a pagar, en términos de renuncia, para las mujeres que querían triunfar en entornos laborales exigentes.
En algunos aspectos, las cosas no han cambiado demasiado en estos veinte años, aunque en otros sí. Esta segunda parte se centra en la crisis del periodismo y la pérdida de predicamento de las revistas femeninas, pero también en el cambio de las dinámicas de poder entre sus protagonistas.
Con motivo del estreno de la segunda parte, The New York Times ha reunido a los actores (Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci) y al director (David Frankel) de la cinta, para hablar sobre cómo ha sido retomar sus personajes dos décadas después y lo que la película les ha enseñado sobre cuestiones como el liderazgo o la ambición. Estas son algunas de esas lecciones:
Sobre lo que supone el liderazgo
Meryl Streep: "En la escuela de teatro nos decían: ¿sabéis cómo transmitir que eres el rey o la reina? Y todos decían: bueno, proyectando poder. Y ayuda tener alzas en los zapatos, cosas así. Y el profesor nos dijo: no, no, transmitir poder depende de cómo se comporta la gente cuando entras en una sala. Tú actúas con naturalidad, pero las moléculas a tu alrededor cambian. Así que esa fue la dirección que seguí, que todo el mundo me tenía miedo. No tuve que alzar la voz ni hacer nada".
Meryl Streep: “La mayoría de los jefes que he tenido en mi vida han sido hombres, así que los imité, a esas personas que eran buenas liderando de manera firme sin hacer, aparentemente, un gran esfuerzo”.
Anne Hathaway: “La forma en que Miranda no se disculpa y va a su propio ritmo, obligando a los demás a seguirle el paso y a anticipar lo que va a querer después... A veces me gustaría reducir la marcha. Pero en la vida real, tienes que adaptarte al ritmo del grupo”.
Meryl Streep: “Si Miranda Priestly fuera Michael Priestly, no habría película. Todo lo que hace es un poco horrible, pero parecería adorable si un hombre dijera: "Adelante, muévete a paso de tortuga, ya sabes lo mucho que eso me gusta". Todo el mundo diría: “Es genial, ¿verdad?”. Pero hay un matiz especial de ironía en ese tipo de comentario cuando vienen de una mujer. Simplemente duele más”.
Sobre cómo percibimos la ambición en mujeres y hombres
Anne Hathaway: “No creo que la película diga nada [sobre la ambición], simplemente la muestra. Se ve a mujeres ambiciosas en acción, y eso me gusta”.
Emily Blunt: “Ambición a menudo se ha considerado una palabra negativa para las mujeres. Para los hombres, se ve como algo digno de celebración. Creo que ambición en realidad solo significa sueños con gran propósito. La primera [película] ofreció un espacio muy inspirador para que las chicas se fijaran en eso, para que quisieran más para sí mismas”.
Sobre cómo Hollywood trata a las películas ‘de chicas’
Meryl Streep: “Las películas sobre mujeres tienen que luchar mucho más por el presupuesto que las de Chris Nolan, por ejemplo. [Nolan] me encanta y me encantaría trabajar con él, pero...”
David Frankel: “Meryl tiene razón. Se da por sentado que las películas sobre mujeres tienen una taquilla limitada, así que, en base a eso, los estudios dicen: “Vale, esto es lo que hay”. Y hay otras películas para las que se presume una taquilla ilimitada, por lo que el presupuesto es ilimitado. Volvimos a hablar de eso incluso con esta película. Ya veremos quién tiene razón”.



