Las dos caras del ‘mentoring’: lo que aprendieron una mentora y una mentorizada tras seis meses acompañándose
Los programas de mentoría ofrecen un espacio seguro donde las profesionales pueden compartir experiencias y construir una red de contactos

Contar con un buen mentor puede marcar la diferencia en tu carrera. Tener un guía que ha pasado por lo que tú estás pasando, que te ofrece perspectiva, red y confianza, puede sin duda acelerar de forma importante tu desarrollo profesional, pero también crecer a nivel personal. Un buen mentor te ayuda a evitar errores comunes, aporta visión estratégica a la toma de decisiones, facilita el acceso a contactos clave y actúa como fuente de motivación y seguridad en ti misma. Datos de organizaciones como LeanIn apuntan a que el mentoring es un impulsor clave del éxito profesional femenino. Su experiencia demuestra que las mujeres con mentores tienen muchas más probabilidades, por ejemplo, de pedir aumentos de sueldo o proyectos de mayor responsabilidad.
Cada vez son más las empresas que ofrecen programas internos para que los empleados senior ofrezcan su guía a perfiles menos experimentados. Pero en los últimos años también ha habido una expansión del mentoring a nivel asociativo. Women in Programmatic Network Spain (TWIPN) es una esas redes de mujeres que ofrecen un espacio seguro para que las profesionales puedan compartir experiencia y aprendizajes. En la primera edición de su programa de mentoring, que ha durado seis meses, han participado veinte profesionales del sector de la programática.
Cristina Pascual y Agustina Caparé son dos de ellas. Pascual, la mentorizada, ha desarrollado la mayor parte de su carrera en BBVA, donde en la actualidad es media & tech manager. “Me animé a postularme como mentee porque estoy empezando en el ámbito de la programática y quería aprender de la experiencia de una profesional que ya conoce el sector en profundidad. Esperaba entender mejor cómo funciona este entorno en el día a día, resolver dudas reales y obtener orientación sobre cómo seguir desarrollándome profesionalmente en esta área. Además, para mí también era importante poder conectar con otras mujeres profesionales dentro de TWIPN y conectar más con la comunidad”.
Su mentora ha sido Agustina Caparé, una profesional latino-italiana residente en España desde 2016, con más de quince años de experiencia en publicidad digital, comunicación y adtech. En su caso, lo que la animó a participar en el programa fue “la necesidad de generar redes de mujeres: acompañarnos, compartir experiencias y crecer juntas. Y, por otro lado, también tenía ganas de devolverle un pequeño granito de arena a la sociedad y a mi industria, la publicidad digital. La ayuda de amigas, colegas y jefas mujeres a lo largo de mi carrera fue clave para llegar hasta acá”.
Era su primera experiencia como mentora y reconoce que al principio estaba bastante nerviosa, aunque las cosas pronto se encaminaron. “Nos dimos cuenta muy rápido de que, más que ser distintas, éramos el complemento perfecto. Tanto en nuestras formas de ser como en nuestras posiciones laborales: cada una estaba sentada en un lado distinto del ecosistema programático. Cris desde el lado del anunciante y yo del lado del medio o publisher. Eso hizo que pudiéramos aprender muchísimo la una de la otra, entender mejor ‘el otro lado’, escuchar y pensar juntas cómo hacer que todo funcione mejor. Creo que justamente por eso nuestra mentoría y nuestra conexión fueron tan genuinas y fructíferas estos meses”.
El papel de un mentor es actuar como consejero. A partir de su experiencia, comparte conocimientos para impulsar el talento del mentorizado, ampliando su red de contactos y guiándole en su desarrollo sin imponer su visión. El buen mentor no da respuestas, hace las preguntas adecuadas para que la persona a la que asesora descubra sus propias respuestas.
Otra de sus funciones principales es reforzar la confianza de su pupilo para afrontar nuevos retos. De hecho, según Cristina Pascual, ese ha sido precisamente el principal aprendizaje que se lleva de la experiencia. “Creo que por el momento vital que estábamos atravesando las dos durante esta mentoría, sería tener más confianza y apostar más por nosotras mismas. El crecimiento profesional también pasa por atreverse a preguntar, equivocarse y seguir aprendiendo, y creo que eso es algo clave a tener en mente siempre”.
Cristina Pascual: “El crecimiento profesional también pasa por atreverse a preguntar, equivocarse y seguir aprendiendo, y creo que eso es algo clave a tener en mente siempre”
El famoso ‘síndrome de la impostora’, esa sensación constante de que nunca estamos preparadas ni somos suficientemente buenas, es algo que trabajaron mucho en la mentoría. “Yo también lo vivo constantemente. En mi carrera profesional, pero también cuando escribo poemas por placer o incluso cuando intento aprender sobre inversiones. Creo que una de las claves para combatirlo es hablarlo. Mucho. Entre nosotras. Compartir esas sensaciones y visibilizarlas. Poder decirle a una amiga, compañera, hermana o jefa: ‘a mí también me pasa’”, explica Agustina Caparé. “Era un tema que aparecía casi en cada sesión, porque las dos nos sentíamos identificadas. Hablamos mucho sobre la confianza en una misma, sobre recordar quiénes somos, por qué estamos donde estamos, todo lo que hemos logrado y la carrera que construimos”.
A mitad de la mentoría, Caparé dio un giro a su carrera. Tras haber pasado por Adman Media, Grupo TimeOut o Wallapop, en febrero se incorporó a Netflix. “Atravesé un cambio enorme: nuevo trabajo, nueva ciudad y una vida completamente distinta. Y ahí el ‘síndrome de la impostora’ me golpeó más fuerte que nunca. Paradójicamente, esta mentoría y Cris también me ayudaron muchísimo a mí. Nuestras conversaciones y el apoyo mutuo me ayudaron a confiar más en mí misma y a seguir adelante”. Y es que el mentoring es un proceso bidireccional: además de dar, la mentora recibe. Actuar como guía no solo es, por tanto, un acto de generosidad profesional, también es un acelerador del crecimiento propio.
Agustina Caparé: “Hablamos mucho sobre la confianza en una misma, sobre recordar quiénes somos, por qué estamos donde estamos, todo lo que hemos logrado y la carrera que construimos”
Durante las sesiones también trabajaron cuestiones de desarrollo profesional: cómo posicionarse profesionalmente, cómo comunicar mejor el propio valor, cómo hacer networking dentro de la industria o cómo afrontar cambios laborales y tomar decisiones con más seguridad. “Al venir de lados distintos del ecosistema programático, también pudimos ayudarnos mucho a entender mejor ciertas dinámicas de compra, selección de medios y visión estratégica del negocio desde perspectivas diferentes. Además, compartimos constantemente cursos, artículos, recursos y áreas en las que queríamos seguir creciendo, como liderazgo, comunicación o desarrollo profesional. Creo que eso hizo que la mentoría se volviera algo muy vivo, muy práctico y muy enriquecedor para las dos”, asegura Caparé.
La de mentora-mentee es una relación basada en la confianza mutua y la generosidad, y para que de verdad funcione hay que establecer objetivos claros y una comunicación eficaz. El mentoring requiere escucha activa. No es trata solo de oír, sino de entender las preocupaciones reales, el contexto y los desafíos de la persona mentorizada. Se trata, en última instancia, de que esta encuentre su propio camino. “La mentoría me ha ayudado a ganar perspectiva y confianza en mi desarrollo profesional. Escuchar la experiencia de otra profesional del sector ha reforzado mi motivación y mi ambición profesional para seguir aprendiendo y evolucionando en este entorno. A reafirmar que el camino del desarrollo profesional está en tener ambición de aprender y eso supone preguntar mucho y fallar en algunas ocasiones. Y lo más importante, he ganado una nueva amiga con la que espero poder seguir compartiendo muchas conversaciones”, asegura Cristina Pascual. La experiencia también ha resultado transformadora para Agustina Caparé. “Si soy sincera, no quiero que se termine. Me da un poco de tristeza. De hecho, espero con muchísima ilusión el último encuentro del programa, porque nos vamos a conocer en persona por primera vez después de más de seis meses compartiendo sesiones, charlas, dudas y aprendizajes en remoto. Pero también siento que esto no termina acá. Hoy, con Cris, somos colegas, amigas y compañeras en esta industria. Y eso ya es para siempre”.



