Consejos para cuidar tu piel en verano
Hábitos esenciales para prevenir daños y mantenerla radiante bajo el sol

El verano está a tope y, con él, las ganas de disfrutar de cada rayo de sol en la playa, la piscina o una terracita. Pero también es la época del año en la que la piel está más expuesta a factores que pueden dañarla, como la radiación ultravioleta, las altas temperaturas, el cloro, el agua salada o la deshidratación. Por eso, cuidarla y mantenerla sana debería ser una prioridad. Adoptar pequeños hábitos puede marcar una gran diferencia a largo plazo. No solo ayudarán a prevenir las quemaduras solares, sino también el envejecimiento prematuro, la aparición de manchas y otros problemas cutáneos.
El protector solar es innegociable
El protector solar es el mejor aliado para cuidar la piel en verano. Los dermatólogos recomiendan utilizar un fotoprotector de amplio espectro (UVA y UVB) con un factor de protección solar de al menos 30, aunque lo más aconsejable es optar por un FPS 50, especialmente en pieles claras o durante exposiciones prolongadas. Debe aplicarse unos veinte minutos antes de salir al sol y renovarse cada dos horas, así como después de cada baño o si se ha sudado mucho. No olvides zonas que solemos pasar por alto, como las orejas, el cuero cabelludo o los empeines. Y recuerda, siempre que sea posible, limitar la exposición solar entre las 12 y las 16 horas, cuando la radiación ultravioleta alcanza su mayor intensidad.
Usa ropa y accesorios como protección solar
La protección solar no depende únicamente de la crema. Los parasoles, los sombreros de ala ancha, las gafas de sol con filtro UV y la ropa ligera de tejidos tupidos son una estupenda barrera adicional frente a la radiación solar. También hay cada vez más prendas con protección solar incorporada.
Cuida la piel después del sol
Tras una jornada de playa o piscina, la piel necesita recuperarse. Aplica productos after sun o alguna crema con ingredientes calmantes, como aloe vera o pantenol, para aliviar el enrojecimiento, refrescar la piel y favorecer su regeneración.
Ojo con el cloro y la sal
También es importante que, si te has bañado en el mar o en la piscina, te duches cuanto antes para eliminar los restos de sal o cloro, que pueden resecar la piel, y apliques después una crema hidratante.
Hidrátate por dentro y cuida lo que comes
Las altas temperaturas favorecen la pérdida de agua, por lo que mantenerse bien hidratado es fundamental para conservar la piel en buen estado. Procura beber agua con frecuencia para mantener una buena hidratación y prevenir la sequedad, especialmente durante los días de más calor. La alimentación también desempeña un papel importante. Incluir frutas y verduras ricas en agua, vitaminas y antioxidantes ayuda a proteger la piel frente al daño provocado por la exposición solar y favorece su regeneración. Una dieta equilibrada, combinada con una buena hidratación, es una de las mejores aliadas para lucir una piel sana y luminosa durante todo el verano (y el resto del año).
Presta atención a las quemaduras y a los cambios en la piel
Si, pese a todas las precauciones, aparece una quemadura solar, es importante enfriar la zona con compresas húmedas, mantener una buena hidratación y evitar una nueva exposición al sol hasta que la piel se haya recuperado. Si aparecen ampollas, fiebre o malestar general, conviene acudir a un profesional sanitario. Además, el verano es un buen momento para revisar lunares y manchas. Si alguno cambia de tamaño, forma, color o presenta bordes irregulares, lo recomendable es consultar con un dermatólogo.



