Comer sin culpa: así funciona el permiso incondicional en la alimentación

El permiso incondicional es la base sobre la que se fundamenta la alimentación consciente

Foto: Canva.

En otros artículos hemos hablado de las servidumbres de la presión estética y de cómo afectan a nuestra relación con la comida, del problema de la cultura de las dietas y de las ventajas de la alimentación consciente. Hoy vamos a abordar otra cuestión fundamental si lo que queremos es construir una relación más sana con la comida: el permiso incondicional, que es lo que nos permite tomar decisiones sobre nuestra alimentación sin culpa, sin sentirnos mejor o peor según lo que elijamos. Se trata, básicamente, de entender que todos los alimentos tienen cabida dentro de una alimentación saludable.

Cuando empezamos a restringir alimentos se empieza también a crear una relación negativa o tensa con la comida. En cambio, cuando nos damos permiso para elegir lo que realmente nos apetece y empezamos a atender nuestras señales de hambre y saciedad, ocurre algo importante: descubrimos que somos capaces de parar cuando nos sentimos suficientemente saciados. Esto es clave para poner freno a las conductas compulsivas con la comida. Dejamos de pensar constantemente en los alimentos ‘prohibidos’, porque no los hay, y en lugar de eso empezamos a comer según lo que nuestro cuerpo necesita.

La comida y la gestión emocional

Tampoco podemos olvidar que la alimentación emocional existe. Después de un día duro de trabajo, cuando estamos más cansadas o más tristes, podemos reconfortarnos con algún alimento. Esto es algo normal: la comida es una herramienta de gestión emocional.  Lo importante es entender que es una herramienta, no la única. En lugar de comer, también podemos optar por hablar con una amiga, expresar lo que sentimos, escribir, dar un paseo, hacer una actividad que nos guste o dedicarnos tiempo a nosotros mismas.

La relación que mantenemos con la comida determina de forma importante nuestra forma de alimentarnos. Si esa relación es mala, difícilmente podrás mantener una alimentación realmente saludable, que respete tanto la salud física como la mental. Restringir alimentos, limitar nuestras apetencias o comer según lo que creemos que es sano y no según lo que nuestro cuerpo nos pide, daña ambas dimensiones de nuestra salud.

La clave no está en quitar, sino en añadir

El mecanismo es claro: cuando nuestro cerebro detecta que algo está prohibido, pone aún más el foco en ello. Si te digo que no pienses en una flor azul, probablemente será lo primero que aparecerá en tu mente. Con la comida ocurre lo mismo. Si evitas unas galletas que te encantan porque “no son saludables”, lo más probable es que las desees todavía más. Las galletas empezarán a ocupar más espacio en tu cabeza, independientemente de lo que comas. Sería mucho más sencillo permitirte comer las galletas que te gustan y complementar esa ingesta para hacerla más completa. Por ejemplo, añadiendo un yogur, incorporando fruta y frutos secos o acompañándolas con una tostada salada con jamón. La clave no está tanto en quitar como en añadir. De esta forma, atiendes tanto tu apetencia como tu necesidad real de saciedad.

El ciclo de restricción, impulsividad y culpa

Cuando prohibimos alimentos, entramos en un bucle muy claro:

  1. Nos decimos que no debemos comer cierto alimento. De esta forma, creemos que tenemos más fuerza de voluntad y que estamos cuidándonos.
  2. Lo evitamos, pero el deseo aumenta, y con él, la impulsividad.
  3. Llega un momento en que tenemos acceso a ese alimento y lo comemos con ansiedad, sin atender a las señales de saciedad.
  4. Aparece la culpa (“no me he controlado”, “voy a engordar”).
  5. Volvemos a restringir.

Y el ciclo vuelve a repetirse una y otra vez. El problema no es el alimento en sí, sino la restricción previa y la ansiedad con la que finalmente lo consumimos.

Qué es realmente una alimentación saludable

La verdadera alimentación saludable es aquella en la que tienen cabida todo tipo de alimentos. Habrá algunos más nutritivos que otros, por supuesto, pero todos, los más nutritivos y los que nos generan puro placer, pueden convivir sin ningún problema. El miedo a “no poder controlarnos” suele venir de la restricción previa. Cuando nos damos permiso desde la calma y no desde la restricción, la relación cambia.

Una nueva forma de alimentarse, una en la que atendamos nuestras señales de hambre y saciedad, nuestras apetencias, y nuestra salud de forma global, es posible. Porque una alimentación saludable de verdad es la que cuida tanto tu salud física como la mental.

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