¿Por qué las dietas no funcionan?
La nutricionista Inés Guijarro explica la importancia de una alimentación flexible

Seguro que estás acostumbrada a oír hablar de dietas. Es probable que incluso hayas hecho alguna. Y con dieta me refiero a un plan alimentario centrado única y exclusivamente en la pérdida de peso. Pero seguro que también conoces más de un caso en el que esa dieta ha sido imposible de mantener y realmente no ha funcionado.
Si alguna vez has hecho dieta, déjame preguntarte: ¿de verdad aprendiste algo? Cuando te dicen exactamente lo que tienes que comer, te racionan cantidades y ni siquiera te explican el motivo por el que lo hacen, no es educación nutricional. Eso es restricción. Y el principal fallo de las dietas es precisamente ese: no tienen en cuenta el contexto de la persona.
Las dietas reducen a la persona a un cuerpo
A menudo las dietas solo ponen el foco en el peso o en el cuerpo, dejando completamente de lado muchísimas otras cosas que también influyen en la salud. Las mujeres hemos sufrido este tipo de restricciones en mucha mayor medida debido a la presión estética. Parece que siempre tenemos que estar perfectas y encajar en un ideal corporal determinado… Y todo lo que se salga de ahí tiene menos valor.
Pero la realidad es muy diferente: hay vida más allá de las dietas. Entender esto es fundamental, porque un cuerpo o un peso no nos define como personas, ni tampoco define nuestro valor ni nuestra salud.
Yo soy nutricionista, pero no me dedico a hacer dietas. Hay muchas cosas que considero muchísimo más importantes que entregar un plan alimentario cerrado sin más explicaciones. Para mí es fundamental entender cómo te alimentas:
- Si comes con ansiedad.
- Si comes con miedo.
- Si comes desde la restricción.
- Si te quedas con hambre.
- Si te sientes satisfecha tanto a nivel físico como mental.
- Si tienes mucho ruido mental alrededor de la comida.
También me parece importante conocer tus creencias sobre la alimentación. Vivimos rodeadas de mitos nutricionales que solo perpetúan la cultura de dieta, y la realidad es que en la alimentación nada es blanco o negro. Debemos alejarnos de los extremos y entender que siempre existe contexto, porque no comemos alimentos aislados, solemos tomar comidas completas, y además de para nutrirnos, también comemos en situaciones sociales, para celebrar, para reconfortarnos o por placer. Por eso hablar de un alimento como ‘bueno’ o ‘malo’, sin tener en cuenta el contexto, es algo completamente reduccionista.
Además, es importante entender cómo se relaciona la persona con el ejercicio físico. Recomendar hacer deporte está muy bien, pero no es lo mismo hacer ejercicio desde el disfrute que desde el castigo o la compensación. De nuevo, el contexto importa.
El verdadero motivo por el que las dietas no funcionan
Las dietas no funcionan, principalmente, porque son modelos de alimentación que no se adaptan ni a tu vida ni a tus circunstancias. En muchos casos son restrictivas, rígidas y muy difíciles de mantener a largo plazo. Nuestra vida no es lineal, cambia constantemente, y cuando tu alimentación no se adapta a esos cambios, cuando niega algo tan importante como el placer y se basa únicamente en el sacrificio, acaba convirtiéndose en algo insostenible.
Muy pocas personas consiguen mantener una dieta rígida durante mucho tiempo, porque hacerlo requiere un esfuerzo enorme. La alimentación no debería basarse en el sacrificio, sino en la libertad, en aprender a escuchar tu cuerpo y en respetar sus señales. Por eso las dietas no funcionan, porque no se adaptan a ti, eres tú quien tiene que adaptarse a ellas.
La importancia de una alimentación flexible
Como profesional, defiendo encontrar una alimentación que se adapte a ti y a tus necesidades, que te permita comer de forma suficiente y donde el también tenga cabida el placer.
Nuestras prioridades cambian a lo largo de la vida y habrá momentos en los que podamos dedicar más tiempo a planificar nuestra alimentación y otros en los que eso pase a un segundo plano. Y eso debería poder ocurrir sin generar culpa ni exceso de carga mental. Por eso considero tan importante hablar de alimentación flexible. Una alimentación flexible es aquella que se adapta a tu vida y te permite saltarte el ‘plan’ sin ansiedad ni estrés.
Si, por ejemplo, te vas de viaje, no debería preocuparte cuántas calorías vas a comer o cómo lo vas a compensar después. La idea es poder disfrutar de nuevas experiencias, nuevas culturas y nuevas comidas, para luego volver a tu rutina con normalidad, sin necesidad de restricciones, dietas o ejercicio compensatorio.
Espero que todos estos conceptos te ayuden a abrir una reflexión sobre tu relación con la comida. Al final, nuestro objetivo debería ser llevar una alimentación que cuide tanto nuestra salud física como la mental, un estilo de vida que se incorpore a nuestra rutina sin suponer un esfuerzo extra, y que vaya más allá de modas o de momentos estacionales.
Inés Guijarro es nutricionista clínica especializada en TCA y relación con la comida.



