El discurso de odio hacia el colectivo LGBTIQ+ ha crecido un 38% en tres años
La diversidad pierde espacio en la conversación pública, mientras la inteligencia artificial comienza a reproducir los sesgos de un ecosistema cada vez menos comprometido

En 2023 se publicaban seis veces más noticias sobre diversidad, equidad e inclusión (DEI, por sus siglas en inglés) que en la actualidad. Ese año marcó también el punto álgido en el compromiso corporativo: hoy, las empresas y marcas que mantienen políticas activas de inclusión representan un tercio menos que entonces. Por contra, el discurso de odio digital hacia el colectivo LGBTIQ+ se ha disparado un 38%. Estos son algunos de los datos que recoge el informe Orgullo en ‘visto’, presentado por LLYC en el marco de la conmemoración internacional del 28 de junio.
Del ‘love bombing’ al silencio corporativo
A esta retirada progresiva del apoyo público a la diversidad, LLYC la ha denominado 'rainbow ghosting', “una metáfora cultural tomada de las relaciones digitales para explicar cómo una presencia que comenzó como love bombing hacia el colectivo LGBTIQ+, llena de mensajes, promesas y gestos de compromiso, ha ido perdiendo continuidad hasta volverse estacional y, en algunos casos, hasta desvanecerse”, indican desde la consultora. “El concepto apunta al silencio del ecosistema de marcas, medios, instituciones, plataformas y referentes que antes contribuía a reconocerlo, amplificarlo y sostener públicamente su pertenencia”.
Este repliegue general no solo deja desprotegida a la comunidad fuera de las pantallas, sino que está siendo asimilada por los propios algoritmos de IA generativa, que ya asocian la autonomía y el éxito profesional un 140% más a perfiles cishetero que a personas del colectivo. Las respuestas de la inteligencia artificial para perfiles LGTBIQ+ aparecen más vinculadas al respeto y la dignidad, la gestión del miedo o a términos relacionados con rechazo y exclusión.
‘Big data’ e inteligencia artificial para medir el retroceso
Para dimensionar este fenómeno, LLYC ha aplicado herramientas de big data, inteligencia artificial y procesamiento de lenguaje natural (NLP) para analizar 15,1 millones de noticias, 202 millones de mensajes en la red social X y más de 4,6 millones de contenidos violentos en los doce países en los que está presente. Además, ha examinado cómo los sistemas generativos interpretan la identidad mediante 90 preguntas sobre distintos ámbitos de la vida a cinco perfiles de control (cuatro LGBTIQ+ y uno cishetero) y el análisis de 627 imágenes generadas por IA.
“Lo que revela este informe es la retirada progresiva y por goteo del apoyo público a la diversidad LGBTIQ+ por parte de marcas, instituciones y medios. Es cierto que el colectivo no ha dejado de hablar ni de movilizarse, pero el ecosistema que antes contribuía a sostener públicamente su pertenencia está respondiendo con menor frecuencia y continuidad, dejando que las narrativas más hostiles ocupen ese espacio, un discurso que, lamentablemente, la IA ya empieza a recoger. Necesitamos responder a esta dinámica y no dejar en un simple ‘visto’ este apoyo”, asegura Albert Medrán, global brand & ESG head de LLYC y coordinador del estudio.
Menos presencia mediática y una visibilidad cada vez más estacional
Es evidente que la conversación sobre diversidad está perdiendo frecuencia en los medios de comunicación. La cobertura en prensa escrita y digital ha caído drásticamente y, además, se ha concentrado en el tiempo: el segundo trimestre del año ha pasado de reunir el 28,5% de las publicaciones anuales en 2023 a superar el 32% en los años siguientes. Esto no significa que el Mes del Orgullo gane visibilidad real, sino que ocupa una proporción cada vez mayor dentro de una conversación anual que se encoge año tras año.
Menos volumen en redes sociales, más odio y nuevas formas de legitimarlo
El estudio detecta un cambio drástico en las dinámicas de las redes sociales. En X, la conversación global sobre el colectivo LGBTIQ+ se ha desplomado a la mitad. Hemos pasado de 26,1 millones de mensajes en 2023 a solo 12,7 millones en el último periodo. Sin embargo, la contracción del espacio no ha traído calma: el discurso de odio ha aumentado en ocho de cada diez países, con un crecimiento medio del 38%. En este momento, tres de cada cinco mensajes analizados constituyen un ataque directo.
El informe también identifica una mutación en el lenguaje hostil. La agresión ya no circula únicamente como insulto explícito, también se camufla bajo marcos aparentemente legítimos, como la protección de la infancia, la defensa de la familia tradicional o la resistencia a supuestas imposiciones ideológicas. El 19,1 % de los ataques digitales vincula al colectivo con un impacto negativo sobre la educación y, dentro de ese territorio, siete de cada diez referencias se apoyan en narrativas sobre niños y jóvenes.
El 'rainbow ghosting' no explica por sí solo la violencia o vulnerabilidad que enfrenta el colectivo LGBTIQ+, pero sí ocurre en un contexto donde la pertenencia sigue siendo desigual. América Latina concentra el 73% de los asesinatos documentados de personas trans a nivel mundial, con una esperanza de vida estimada de apenas 35 años. En Estados Unidos cerca de 700.000 personas adultas han sido sometidas a terapias de conversión y el 90% de los jóvenes LGBTIQ+ afirma que las leyes, políticas y debates recientes sobre sus derechos les han provocado estrés o ansiedad. Estos datos muestran por qué la retirada de señales públicas de apoyo no puede leerse como un gesto neutro: cuando disminuyen los contrapesos culturales, el colectivo queda más expuesto en un entorno que ya presenta riesgos estructurales.
Cinco claves para que la inclusión no se quede en junio
El documento concluye con una propuesta para que las organizaciones dejen de aplicar el silencio digital y construyan señales de inclusión que permanezcan en el tiempo a través de cinco ejes estratégicos: continuidad (garantizar que las políticas de diversidad sobrevivan a junio y sigan vigentes en la cultura, las decisiones y el liderazgo diario), coherencia (alinear la comunicación externa con la experiencia de empleado real dentro de la compañía), complejidad (representar al colectivo LGBTIQ+ desde sus metas, ambiciones y capacidades de liderazgo, superando los marcos únicos de vulnerabilidad o discriminación), futuro (proveer de herramientas que impulsen y den agencia a las nuevas generaciones) y responsabilidad algorítmica (auditar de manera activa las herramientas tecnológicas y los desarrollos de IA aplicados en las organizaciones para detectar y mitigar sesgos de representación).



