El impacto de la alimentación en los síntomas de la fibromialgia
Un ensayo clínico liderado desde la Universidad Francisco de Vitoria apunta a que una dieta mediterránea vegana podría tener efectos beneficiosos para las mujeres con fibromialgia

La fibromialgia es una enfermedad que altera la forma en que el sistema nervioso procesa el dolor y afecta de lleno a la vida cotidiana. Por eso, la ciencia busca estrategias que ayuden a comprender mejor qué factores pueden influir en sus síntomas y cómo acompañar mejor a las pacientes que la sufran. La alimentación puede ocupar un lugar importante en esa búsqueda. Un ensayo clínico liderado desde la Universidad Francisco de Vitoria y publicado en la revista Nutrition, en el que han participado 22 mujeres con fibromialgia, ha analizado el impacto de una dieta mediterránea completamente vegetal en sus marcadores de salud y los síntomas de esta enfermedad.
Durante seis semanas, la mitad de las mujeres siguieron una dieta mediterránea tradicional y la otra mitad, una dieta mediterránea vegana. Las participantes del segundo grupo aumentaron el consumo de cereales, legumbres, frutos secos, semillas y alternativas vegetales frente al grupo de dieta mediterránea tradicional. Más fibra y más alimentos vegetales fueron dos de los cambios más claros. Por lo demás, ambas pautas fueron diseñadas con una cantidad similar de energía y una distribución comparable de nutrientes.
El objetivo principal del estudio era medir el colesterol LDL, conocido de forma habitual como colesterol malo, un marcador relacionado con la salud cardiovascular. Las mujeres que siguieron la dieta mediterránea vegana presentaron una reducción mayor que las del grupo tradicional: una diferencia estimada de 21,2 mg/dl entre grupos. También bajaron más los triglicéridos, con una diferencia estimada de 27,4 mg/dl. Los autores del estudio matizan que estos resultados deben interpretarse como mejoras en biomarcadores a corto plazo. El ensayo no permite concluir que exista una reducción demostrada del riesgo cardiovascular a largo plazo.
El dato, en cualquier caso, tiene interés porque la fibromialgia puede convivir con perfiles cardiometabólicos menos favorables. Mejorar el colesterol y los triglicéridos no resuelve la enfermedad, pero ayuda a ampliar la mirada sobre la salud de mujeres que arrastran síntomas crónicos y un fuerte impacto en su calidad de vida.
El resultado más cercano a la experiencia diaria de las pacientes apareció en el dolor. Las mujeres del grupo de dieta mediterránea vegana redujeron más la puntuación del ítem de dolor del Fibromyalgia Impact Questionnaire, una escala utilizada para valorar cómo afecta la fibromialgia a la vida cotidiana. La mejora se observó en dolor percibido, un síntoma central para muchas pacientes. De nuevo, los autores indican que sería precipitado afirmar que esta dieta mejora la fibromialgia en conjunto, lo que muestra el estudio es una señal concreta en dolor percibido que deberá seguir analizándose en futuras investigaciones.
El aumento de fibra aparece como una posible explicación parcial de la mejora del colesterol. Las participantes del grupo vegano consumieron más cereales, legumbres, frutos secos y semillas, y el análisis exploratorio sugiere que ese cambio podría haber contribuido a reducir el colesterol malo. Aun así, el propio diseño del estudio obliga a interpretarlo como una hipótesis de trabajo.
La adherencia apareció como uno de los principales retos. Las participantes que siguieron la dieta mediterránea vegana comunicaron menor satisfacción con la pauta y más barreras percibidas para mantenerla, entre ellas, la fuerza de voluntad, el autocontrol y el coste percibido de los alimentos necesarios. Durante la intervención, además, recibieron suplementación de vitamina B12 para prevenir posibles deficiencias asociadas a este patrón alimentario.



