Ocio inclusivo para que ningún niño se quede sin amigos: así funciona Best Buddies España
Hablamos con Mónica Mir, directora de Best Buddies España, sobre la estrategia de la organización para fomentar las relaciones inclusivas

Tras casi dos décadas de carrera en el área de marketing de multinacionales como Diageo, L’Oréal o Mahou, Mónica Mir puso hace cuatro años en marcha la Fundación Distintos, una organización que busca ayudar a niños y niñas con discapacidad intelectual y del desarrollo a hacer amigos. En España, 8 de cada 10 niños con discapacidad han vivido acoso escolar, un dato que refleja la gran vulnerabilidad de este colectivo desde la infancia. El proyecto liderado por Mir organiza actividades de ocio inclusivo, donde los pequeños con y sin discapacidad juegan juntos disfrutando de sus diferencias. Su trabajo llamó la atención de Fundación Best Buddies, la más grande de apoyo a discapacidad intelectual en el mundo, creada por Anthony Kennedy Shriver, que la invitó a formar parte de su red, convirtiéndose en Fundación Best Buddies España. Recientemente, la asociación ha publicado El Niño Invisible, un cuento escrito por Elena Lostalé que aborda la cuestión de los niños que se sienten ‘invisibles’ y busca acercar la discapacidad a las familias. “Los libros son maravillosos para desarrollar la imaginación y también como herramienta educativa”, explica Mónica Mir, una de las finalistas de los XII Premios Mujeres a Seguir en la categoría de Educación. “Elena Lostalé es la autora del podcast ‘Sueñacuentos’ y se me ocurrió contactar con ella y sugerirle que hiciera un cuento que hablara sobre la discapacidad y lo importante que es que los niños en el cole hagan un pequeño esfuerzo por incluir a aquel que parece diferente o que se siente solo. Ella hizo un audiocuento precioso y luego, en colaboración con Cristina de Pedroso, que se encargó de las ilustraciones, la versión escrita. De manera muy generosa nos han cedido los derechos para apoyar nuestra misión”.
Vienes de una larga carrera en marketing en multinacionales. ¿Qué te llevó a dar un giro a tu vida poner en marcha la Fundación Distintos?
Yo tengo dos hijos y el mayor tiene una discapacidad intelectual. Lo que tanto a mi marido como a mí nos preocupaba más era la parte social, que no tuviera amigos o que sufriera acoso escolar. Él tenía 4 años cuando empezamos a intuir que eso empezaba a pasar. Entonces decidí intentar dedicar todo mi tiempo, esfuerzo y el mucho o poco talento que pudiera tener a una causa que, obviamente, me resultaba muy cercana. Es importante que los niños con discapacidad se sientan parte del grupo y también que el resto de niños se expongan a la diferencia y se den cuenta de que la discapacidad o las necesidades especiales forman parte de la vida.
¿Cómo surgió la idea de crear actividades de ocio inclusivo para juntarlos a todos?
Lo que queríamos era que los niños socializaran. Al principio hacíamos fiestas: de piratas, superhéroes, etcétera. Un terapeuta ocupacional nos ayudaba a diseñar las actividades de forma que todos los niños pudieran participar en igualdad de condiciones y que a la vez fueran divertidas para ellos.
¿Y ahora qué tipo de actividades realizáis?
Organizamos actividades de ocio inclusivo para dos grupos de edad. El primero son peques de 4 a 9 años, y siguen siendo muy similares a lo que hacemos desde el principio. La esencia es la misma: invitamos a niños y niñas con y sin discapacidad y les planteamos actividades diseñadas para todos. Para los niños de entre 9 y 13 años organizamos salidas. Aquí ya no hay padres y nos los llevamos a hacer planes muy divertidos: montar a caballo, hacer kayak, preparar tortitas, pizzas, bailar, karaoke… Vienen muchos hermanos y se dan cuenta de que hay otros niños en su misma situación, porque tener un hermano con discapacidad también puede ser un reto. Además, trabajamos con los colegios, donde el cambio puede ser más sistémico, porque es donde los niños se ven todos los días y más conflictos pueden surgir. Allí hacemos una labor de prevención basada actividades lúdicas, buscando que surjan relaciones de amistad, y también hacemos formación y sensibilización dirigida a las familias, al alumnado y al profesorado, dando pautas para conseguir un ambiente más inclusivo en el cole. Nos centramos en el aspecto social porque es el más desatendido. De hecho, la mayoría de los niños que se pasan de educación ordinaria a educación especial lo hacen por un motivo social, no tanto curricular.
¿Qué ha supuesto para vosotros la integración en la red global de la Fundación Best Buddies?
Todo empezó, como muchas cosas en la vida, de forma casual. Uno de nuestros actuales patronos nos descubrió esa organización que hacía algo similar. Estaba más centrada en jóvenes o adultos, pero la base que había detrás era la misma: la amistad. Nos puso en contacto con ellos y enseguida fue obvio que, efectivamente, compartíamos valores, misión y una manera de abordar nuestra labor desde un punto de vista positivo e inclusivo. Convertirnos en Best Buddies España nos dio acceso a la metodología y al conocimiento de una organización que lleva 35 años operando y que ha ampliado esa actividad a otras áreas como formación para personas con discapacidad o apoyo a las familias. También nos ha permitido conocer iniciativas de otros países, es un fluir de ideas y oportunidades muy rico.
¿Qué diferencia vuestro enfoque de otras iniciativas de inclusión?
Creo que somos de las pocas, si no la única organización en España que pone el foco en la amistad. Mi marido y yo tuvimos la idea de manera instintiva, pero hay un estudio de Harvard que ha involucrado a varias generaciones de investigadores (es el más largo que se ha hecho en esta universidad) para tratar de identificar cuáles son los factores más determinantes para ser feliz, y el factor número uno es la calidad de las amistades. La amistad es clave para cualquier ser humano, también para las personas con discapacidad. Además, es una herramienta maravillosa para romper prejuicios. Lo habitual es que nos aproximemos a personas similares a nosotros, pero cuando te relacionas con gente diferente amplías tu visión del mundo y aprendes un montón.
Por vuestra experiencia, ¿cómo transforma la vida de un niño?
Muchas madres me cuentan que sus hijos les preguntan que por qué no van a casa otros niños a jugar con ellos o por qué no les invitan a cumpleaños. Una madre me contó que había dejado de ir al parque porque para ella era una experiencia muy dolorosa ver a su hijo solo mientras el resto de los niños disfrutaban juntos. Después de nuestras actividades pedimos feedback a las familias y siempre nos dicen que los niños se van a casa con un chute de autoestima, porque sienten que se les valora y que forman parte de algo.
En España, ocho de cada diez niños con discapacidad han sufrido acoso escolar. ¿Qué falla en el sistema para que este dato siga siendo tan alto?
Tenemos un sistema público de educación inclusivo que pone el foco en la parte curricular. Todos los recursos y la formación en los centros educativos se destinan a eso y no se atiende el aspecto social.
Y a nivel social, ¿qué cambios te gustaría ver para garantizar que todos los niños pudieran desarrollar amistades significativas?
Los niños aprenden mucho de lo que ven en los adultos. Todos tendríamos que hacer un ejercicio de introspección y darnos cuenta de que tenemos prejuicios que estamos transmitiendo a nuestros hijos. Deberíamos intentar relacionarnos con gente diferente y también cuidar nuestro lenguaje. Siempre hablamos de la discapacidad desde la pena, se ve como una desgracia, pero es una condición que no te define como persona.




