Emprender después de los 50: experiencia, propósito y nuevas oportunidades de negocio
La madurez profesional se está convirtiendo en un nuevo motor del emprendimiento

La edad es obstáculo para cada vez menos cosas, entre ellas, poner en marcha un nuevo negocio. Emprender después de los 50 años ya no es una excepción ni una rareza estadística. De hecho, se está convirtiendo en una tendencia que está redefiniendo el perfil del emprendedor. Según el último informe GEM (Global Entrepreneurship Monitor) España, presentado el verano pasado, las personas entre 45 y 54 años representaron en 2024 el 31% del total de emprendedores de nuestro país, y el grupo de entre 55 y 64 años alcanzó el 9%. “Emprendemos con más edad que en otros países y, lejos de cambiar, esta situación se agrava a medida que pasan los años”, expone el informe.
Esto tiene ventajas e inconvenientes. “Emprender con más edad permite que los emprendedores se aprovechen de su experiencia previa”, pero, advierte el análisis, “también reduce el ciclo de vida de la empresa, cuando esta no sobrevive a sus fundadores”.
La experiencia es uno de los ejes que mejor define el emprendimiento sénior. Como explica Mayte Carvajal, mentora estratégica para empresarias y emprendedoras, lejos de ser un freno, la madurez profesional puede resultar una ventaja competitiva decisiva. “A los 50 se dispone de una red de contactos consolidada que puede facilitar oportunidades, sinergias, e incluso, los primeros clientes”.
Carvajal, que ayuda a pymes y a negocios emergentes liderados por mujeres, asegura que esta etapa vital es un momento de inflexión para muchas personas, especialmente, las mujeres. “Las mujeres de 50 saben lo que quieren, y van a por ello”, asegura. Tienen, además, objetivos muy diferentes a los de sus predecesoras. “La estabilidad laboral ha sido un objetivo que, consciente o inconscientemente, se nos ha inculcado. Salirse del patrón no estaba bien visto”, pero en la última década esto ha cambiado. Cada vez más profesionales cuestionan ese modelo de trabajar en la misma empresa toda la vida y deciden lanzarse a emprender. En muchos casos, este estímulo surge porque “sienten que no están aprovechando todo su potencial. O ya no se sienten identificadas con la empresa en la que trabajan”. También puede ser que vean un hueco en el mercado. Según el ‘Mapa del Emprendimiento 2025’, desarrollado por South Summit en colaboración con IE University, el 51% de las mujeres que deciden emprender lo hacen por este motivo.
Emprender desde la experiencia, no desde el impulso
Una de las ventajas de emprender pasados los 50 es el cambio en la relación con el riesgo y la toma de decisiones. En la juventud se suele tener mayor tolerancia a la incertidumbre, mientras que en etapas más maduras predomina una visión más estratégica y consciente. “Las profesionales sénior que emprenden suelen hacerlo por propósito. Su visión está alineada a sus valores y a su estilo de vida”, asegura Mayte Carvajal. También cambia su forma de asumir el riesgo, que es más calculado, y, al mismo tiempo, “tienen mayor capacidad de gestión gracias a su experiencia”.
Pero no todo son facilidades. Aunque no siempre se manifieste de forma explícita, la edad sigue influyendo en cómo se percibe el talento emprendedor. Para Carvajal, “se trata más de un sesgo cultural que de discriminación”. En algunos entornos, todavía se asocia la innovación y la proyección de crecimiento exclusivamente con la juventud. Sin embargo, incide la experta, “esta percepción pierde fuerza cuando la profesional sénior es capaz de poner en valor su experiencia, la solidez del proyecto y su capacidad de ejecución”.
Los retos invisibles de empezar de nuevo
Emprender después de una larga trayectoria profesional también implica desafíos específicos que no siempre son evidentes al inicio. Uno de los retos suele ser la necesidad de afrontar un cambio de identidad profesional. “Curiosamente, profesionales con una extensa y brillante trayectoria profesional sienten que han perdido de algún modo su identidad cuando deciden emprender”. Aquí suelen surgir las dudas y el famoso ‘síndrome de la impostora’. En cierto modo, las personas que deciden emprender un nuevo camino sienten que hay que empezar de nuevo, y esto puede ser complicado. Pero hay que recordar que dar un giro profesional no significa olvidar lo aprendido ni partir de cero.
Y si acaba resultando especialmente complicado, siempre se puede buscar ayuda. “Pretender saber de todo y querer hacerlo todo solas es un riesgo habitual a la hora de emprender”, advierte Carvajal. “El reto es tomar conciencia de la necesidad de delegar y de apoyarse en profesionales que acompañen en las primeras etapas del emprendimiento”.



