Mujeres que cambiaron nuestra forma de mirar al cielo
Muchas astrónomas a lo largo de la historia (una de ellas españolas) han contribuido de forma decisiva a desvelar los secretos del universo

Mañana, poco antes de las ocho y media de la tarde, el cielo del norte peninsular nos regalará uno de los fenómenos astronómicos más impresionantes: el primer eclipse total de Sol visible desde la península Ibérica en más de un siglo. Durará apenas un par de minutos. Durante este tiempo se hará visible la corona solar y todo se oscurecerá.
A lo largo de la historia han sido muchas las mujeres que han dedicado su vida a desentrañar los misterios del cielo. La griega Aglaonice de Tesalia, por ejemplo, fue conocida por su capacidad para predecir eclipses de Luna. Por ello fue tachada de hechicera. Siglos después, Hipatia de Alejandría, una de las grandes figuras científicas de la historia, matemática, filósofa y astrónoma, perfeccionó instrumentos como el astrolabio y el hidrómetro. Ellas abrieron camino en una época en la que a las mujeres les resultaba prácticamente imposible acceder a la ciencia. Sus descubrimientos, y los de otras astrónomas que las sucedieron, han sido fundamentales para comprender el universo.
Caroline Herschel (1750-1848)
Nacida en Alemania y afincada en Inglaterra, Herschel fue la primera mujer en descubrir un cometa (llegó a identificar ocho a lo largo de su carrera) y también la primera en recibir un salario por su trabajo científico. Además, creó importantes catálogos estelares y, en 1828, recibió la Medalla de Oro de la Royal Astronomical Society. Su hermano William fue también un destacado astrónomo y el descubridor del planeta Urano.

María Mitchell (1818-1889)
La estadounidense María Mitchell alcanzó fama internacional tras descubrir en 1847 un cometa que lleva su nombre, un hallazgo por el que recibió una medalla del rey de Dinamarca. Está considerada la primera astrónoma profesional de su país y fue una firme defensora del acceso de las mujeres a la educación científica. También se convirtió en la primera profesora de Astronomía del Vassar College. Allí formó e inspiró a generaciones de jóvenes científicas. Además, fue la primera mujer elegida miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y de la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.

Annie Jump Cannon (1863-1941)
Fue su madre quien inculcó a Annie Jump Cannon la pasión por la astronomía desde niña, enseñándole a reconocer las constelaciones. Se formó en Física, Astronomía y Matemáticas antes de incorporarse al Observatorio de Harvard como una de las llamadas ‘calculadoras de Harvard’, un grupo de mujeres encargado de analizar y clasificar estrellas a partir de placas fotográficas. A lo largo de su carrera clasificó más de 350.000 estrellas y desarrolló el sistema de clasificación espectral de Harvard que, con algunas modificaciones, continúa utilizándose en la actualidad. Su trabajo resultó fundamental para la astrofísica moderna y se convirtió en la primera mujer en recibir la Medalla Henry Draper, en 1931, y la primera en ser elegida miembro de la Sociedad Astronómica Estadounidense.

Antonia Maury (1866-1952)
Otro miembro del Observatorio de Harvard. Antonia Maury diseñó un innovador sistema de clasificación estelar que, por primera vez, tenía en cuenta la nitidez y el grosor de las líneas espectrales. Aunque su propuesta fue recibida inicialmente con escepticismo, el astrónomo danés Ejnar Hertzsprung reconoció su valor y la utilizó para desarrollar sus investigaciones sobre la evolución estelar. Sus aportaciones fueron decisivas para el posterior desarrollo del diagrama Hertzsprung-Russell, una herramienta fundamental para comprender la evolución de las estrellas.

Henrietta Swan Leavitt (1868-1921)
Otra de las integrantes de las ‘calculadoras de Harvard’ fue la estadounidense Henrietta Swan Leavitt. En 1912 descubrió la relación entre el brillo y el periodo de las estrellas Cefeidas, un hallazgo que permitió calcular por primera vez las distancias en el universo. Años después, Edwin Hubble se apoyó en su trabajo para demostrar que existían galaxias más allá de la Vía Láctea, un paso decisivo que cambió para siempre nuestra comprensión del cosmos.

Cecilia Payne-Gaposchkin (1900-1979)
En su tesis doctoral, publicada en 1925, demostró que las estrellas están formadas principalmente por hidrógeno y helio, una conclusión revolucionaria para la época. Aunque inicialmente su trabajo fue recibido con escepticismo, con el tiempo acabó siendo reconocido como uno de los descubrimientos fundamentales de la astronomía moderna. Vinculada al Observatorio de Harvard desde 1923, aplicó la física atómica al estudio de los espectros estelares y sentó las bases de la astrofísica. En 1956 hizo historia al convertirse en la primera mujer en ser nombrada profesora titular y en dirigir un departamento de la Facultad de Artes y Ciencias de Harvard.

Vera Rubin (1928-2016)
Dedicó su carrera a estudiar el movimiento de las estrellas. Sus investigaciones aportaron la primera evidencia observacional sólida de la existencia de la materia oscura, un hallazgo que transformó nuestra comprensión del universo. También fue la primera mujer en utilizar el telescopio del Observatorio de Monte Palomar, el más grande del mundo en aquella época. Cuando Rubin solicitó utilizarlo, en un primer momento le denegaron el permiso alegando que no había baños para mujeres. Finalmente lo obtuvo y, al llegar al observatorio, recortó una falda de papel y la pegó encima de la figura del cartel del baño de hombres.

Assumpció Català (1925-2009)
En 1970 se convirtió en la primera mujer en obtener el doctorado en Ciencias, en la especialidad de Matemáticas, por la Universidad de Barcelona. Destacó por sus investigaciones sobre la dinámica de sistemas estelares, el cálculo de órbitas y las manchas solares, además de representar a España en la Unión Astronómica Internacional. También participó en los trabajos que hicieron posible la creación del Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma, hoy uno de los principales centros de observación astronómica de Europa, y dedicó buena parte de su carrera a la divulgación científica, abriendo el camino a nuevas generaciones de investigadoras.

Jocelyn Bell (1943)
En 1967, mientras realizaba su doctorado en la Universidad de Cambridge, Jocelyn Bell ayudó a construir un radiotelescopio y detectó la primera señal procedente de un púlsar, un tipo de estrella de neutrones que se forma tras la explosión de una supernova. Pese a la importancia del hallazgo, su papel pasó casi desapercibido y muchos minimizaron su contribución científica. En 1974, el Premio Nobel de Física reconoció el descubrimiento, pero Bell quedó fuera de los galardonados. Aunque la decisión fue ampliamente criticada, ella siempre restó importancia a la polémica, argumentando que era una estudiante de doctorado y que los estudiantes rara vez reciben un Nobel.

Andrea Ghez (1965)
La llegada del hombre a la Luna despertó su interés por el universo y la llevó a graduarse en Física en el MIT en 1987. Andrea Ghez hizo historia al convertirse en la cuarta mujer en ganar el Premio Nobel de Física, en 2020, compartido con Roger Penrose y Reinhard Genzel, por demostrar la existencia de un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea. Actualmente es profesora del Departamento de Física y Astronomía de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) y, desde 2004, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.




