Cruz Arnau (elrow y Monegros): “Me gustaría dar más visibilidad a la mujer en este sector”
Arnau dirige una marca presente en 40 países y cinco continentes, sin olvidar el café que su tatarabuelo abrió en Fraga en 1870

El día a día de Cruz Arnau, directora de marketing y fundadora de elrow y Monegros Desert Festival, es todo menos previsible. Su vida transita entre oficinas, festivales y aeropuertos a un ritmo vertiginoso, pero también entre rutinas familiares que intenta proteger como un tesoro. “Entre semana, soy una madre como tantas otras: una mamá trabajadora intentando hacer malabarismos para que todo encaje y la familia esté unida”, explica. El contraste llega el fin de semana, cuando su agenda se llena de viajes y eventos alrededor del mundo. Reconoce que su vida “es intensa, sin parones, estresante y a veces dura”, pero no duda: “Me encanta, es mi pasión”. En medio del caos, busca momentos de calma, aunque admite que no se le da bien estar quieta demasiado tiempo. Trabajar en una empresa familiar le ha dado una ventaja clave: flexibilidad. “Puedes gestionar tu tiempo según las necesidades del momento”. Aun así, desmonta el mito del glamour: “Desde fuera se ven montajes, viajes y festivales, pero la realidad son muchísimas reuniones, comités, presupuestos y excels”.
Más de 150 años creando ocio
Cruz Arnau es la sexta generación de una familia dedicada al entretenimiento. La historia comenzó en 1870, en Fraga, cuando su tatarabuelo abrió un café inspirado en los cabarets de la época. Aquel local evolucionó con los años: de teatro a cine al aire libre, luego a sala de música y baile, hasta que en los años 80 la familia inauguró el mítico club Florida 135.
En 1993, sus padres organizaron una pequeña fiesta en el desierto de los Monegros para 200 personas. Hoy es el Monegros Desert Festival, un evento con decenas de miles de asistentes de todo el mundo. “Yo nací, literalmente, dentro de esta historia. Crecí viendo a mis padres y abuelos trabajar en cines, discotecas y clubes, y montando fiestas en el desierto. Desde muy pequeña viajaba con ellos a Ibiza, Mykonos y allí donde hubiera fiesta, estaba siempre aprendiendo y viviendo experiencias nuevas. Para mí, esto nunca fue una decisión profesional al uso: fue el siguiente capítulo natural. Siempre he sentido que esto era lo mí. Lo llevamos en la sangre, no me imagino haciendo otra cosa: me llena, me fascina y me hace muy feliz”, explica Arnau.
El nacimiento de elrow
Tras estudiar Publicidad, Marketing y Relaciones Públicas en Barcelona, amplió su experiencia en ciudades como San Francisco y Sídney, donde exploró la cultura de clubes, festivales y raves. “Probablemente fueron los años más felices de mi vida”, recuerda. Pero en España la estaba esperando algo grande.
En 2010, junto a su hermano Juan, decidió dar un paso más: reinterpretar el legado familiar con una nueva propuesta. Así nació elrow, una marca que transformaría el concepto de fiesta. “Es música electrónica, escenografías imposibles, performances extravagantes y un universo que no se parece a nada. Una marca que une arte, música y entretenimiento. Hoy hemos llevado elrow a más de cincuenta ciudades, cuarenta países y cinco continentes y seguimos persiguiendo lo mismo que mi tatarabuelo en aquel café de 1870: que cuando alguien cruce la puerta, se olvide del mundo por unas horas”.
Reinventarse o desaparecer
Tras más de un siglo en el sector, la familia Arnau ha aprendido que la clave está en evolucionar constantemente. “Cada generación ha heredado algo y lo ha transformado. Nos atrevemos y nos arriesgamos con todo. Nuestra filosofía se resume en cuatro palabras: provocar, transgredir, sorprender e innovar”, señala. A eso se suma la pasión como motor imprescindible. “Si no te enamora lo que haces, no resistes el ritmo”. Y, por encima de todo, el público: “Si alguien no se va con una sonrisa, no hemos hecho bien nuestro trabajo”.
Para Cruz, dirigir una empresa familiar implica algo más que gestionar un negocio: significa proteger una historia. “Es un acto de responsabilidad hacia los que vinieron antes. No solo gestionas un negocio, cuidas un relato. Hay que estar a la altura. No puedes acomodarte ni vivir del apellido”, afirma.
Durante todos estos años trabajando, hay una idea que ha guiado su carrera, y es un consejo que recibió de su padre: “Tu trabajo no es organizar eventos, es crear recuerdos”. Según explica Arnau, es la frase que más ha definido su carrera. “Cuando entiendes que lo que haces no es montar fiestas, vender tickets ni llenar pistas, sino crear los recuerdos que la gente se va a llevar para siempre, cambia todo: cuidas hasta el último detalle”.
Si pudiera empezar de nuevo, Cruz no cambiaría casi nada. “Todo lo que he vivido y todo lo que he aprendido en este camino me ha funcionado y, sobre todo, me ha gustado. He tenido la suerte de aprender en familia, de viajar, de equivocarme y de seguir empezando de cero muchas veces...”, reconoce. Pero sí hay algo que haría diferente: dar más visibilidad a las mujeres en un sector históricamente masculino. “Ayudar y promover más a las mujeres que han querido entrar en este mundo y se han encontrado un sector tradicionalmente muy masculino y difícil de cruzar. Hoy las cosas están cambiando, pero todavía queda mucho camino y me doy cuenta de que hay que empujar y formar parte de este cambio”, concluye.



