La joven emprendedora que ha creado el primer ‘chess bar’ de Madrid
Alexandra Tivoly es la fundadora de Gambit Café, un espacio mezcla de bar y club deportivo que busca acercar el ajedrez a todos

En pleno corazón de Malasaña ha abierto sus puertas Gambit Café, el primer chess bar de Madrid. Detrás de este proyecto está Alexandra Tivoly, una emprendedora francesa de solo 26 años que ha aparcado una carrera en el mundo de las finanzas para perseguir su sueño. “Después de mis estudios en Francia y de un máster, vine a Madrid a trabajar en un banco, pero desde mucho antes ya sabía que no quería pasar muchos años en ese sector. Siempre había tenido la idea de crear un proyecto propio, aunque no sabía qué”, explica. La pasión, heredada de su padre, por el ajedrez acabó siendo el catalizador para dar el salto. “Yo juego bastante mal, pero desde pequeña he ido con él a bares y clubs de ajedrez. Buscando un bar de este tipo en Madrid, me di cuenta de que no existía ninguno”. Ahí empezó todo. “Mientras trabajaba en el banco, fui investigando, tomando clases y hablando con dueños de clubs de ajedrez. Vi que había interés y decidí que valía la pena intentarlo, porque en España hay muchos jugadores. En Francia, este tipo de locales se han popularizado y creo que aquí también pueden crecer”. Para desarrollar todo el proyecto contó con la ayuda de su padre. “Necesitaba un punto de vista de alguien que conociese el ajedrez a fondo, porque hay muchos detalles que hay que tener en cuenta como el tamaño de las casillas o el peso de las piezas. Son cosas para él obvias, pero que yo no conocía. Sin su expertise, no podría haberlo hecho”, admite.
Gambit Café no es un club de ajedrez al uso, pero tampoco es solo un bar. ¿Cómo lo definirías?
Es un punto de encuentro, un lugar donde la gente puede socializar mientras juega al ajedrez. Muchos vienen solos, y les ayudamos a que encuentren compañeros de juego. En poco tiempo, he visto cómo personas que vinieron solas han creado grupos de amigos alrededor del tablero. Tenemos torneos todos los sábados por la mañana, que se llenan rápido porque el espacio es limitado. También comenzamos clases para principiantes los martes, para abrir la puerta a quienes nunca han jugado. A largo plazo, me gustaría ampliar con clases para jóvenes, para mayores o solo para chicas. Creo que en torno al ajedrez se pueden hacer muchas actividades. Por ejemplo, cuando abrimos organizamos con una influencer, María Rodrigo, una partida simultánea. Hemos empezado con el bar, pero mi intención es que sea más un concepto, una marca.
Es el primer chess bar de Madrid, pero no es un modelo desconocido en Europa. ¿Qué querías incorporar de esos lugares y qué querías hacer diferente?
Me inspiraron dos lugares: uno en Francia y otro en Suiza. El francés es un referente en la comunidad de ajedrez, pero algo cerrado; el suizo mezcla wine bar y ajedrez. Yo quería situarme entre esas dos propuestas, con un sitio bonito y acogedor, donde tanto hombres como mujeres se sintieran cómodos. Es verdad que hay muchas mujeres interesadas en ajedrez que juegan y van a clases, pero a la hora de competir o de ir a sitios como parques o como este tienen más reparos. Por eso quería que Gambit tuviese un toque un poco más femenino y acogedor, para que ellas se sintiesen cómodas. Todavía vienen más hombres, pero creo que entre nuestros clientes hay alrededor de un 30% de mujeres. Intentamos atraerlas con la decoración, los cócteles y colaboraciones con influencers femeninas de ajedrez. La idea es hacer que el espacio sea inclusivo y atractivo para todos.

¿Cómo has trabajado el diseño del espacio para equilibrar las necesidades de juego con la dimensión social?
La clave son las mesas, que tienen el tablero integrado y espacio suficiente para bebidas y tapas a los lados; concretamente, veinte centímetros por cada lado. También hay zonas más relajadas para quienes no juegan. Hay veces que vienen padres con niños que van a jugar y esperan en la zona de la barra. O grupos que solo quieren socializar. Si vemos que no quieren jugar, simplemente quitamos las piezas. Aunque tenga un tablero integrado, las mesas siguen siendo mesas.
¿Y la carta? ¿Hay algún cóctel o plato que represente el espíritu de Gambit Café?
Quise que la carta cubriera todo el día. Tenemos cafés, que se suelen tomarse por la mañana y a la hora de la merienda, y cerveza y cócteles para la tarde-noche. La comida es sencilla. No lo veo como un lugar donde vayas a comer, aunque tenemos tapas o snacks sencillos que pueden comerse mientras estás jugando. Por ejemplo, tenemos un plato que simula un tablero de ajedrez con feta y aceitunas, y otro con feta y uvas rojas. Hemos utilizado aceitunas verdes y uvas rojas para jugar con los colores de nuestras mesas. En el futuro sí que me gustaría crear un cóctel signature, pero vamos paso a paso.

¿Qué experiencia quieres que se lleve alguien que entre por la puerta por primera vez y no sepa jugar?
Si viene alguien que nunca ha jugado, para mí ya es una victoria. Hay veces que entra gente de casualidad y cuando le contamos el proyecto se anima a probar. Tenemos fichas explicativas para la gente que no sabe jugar. Puede que al salir no sepan jugar bien al ajedrez, pero para mí es suficiente con que se lleven una buena experiencia. Una cosa que me gustaría, y todavía no ha ocurrido, es que los novatos y los expertos se mezclaran más. Yo juego fatal y jugando con clientes aprendo mucho.
Estamos viviendo un renacimiento de los juegos de mesa. ¿Encaja el ajedrez en esta nueva forma de ocio?
Totalmente. Hay plataformas como Chess.com que han crecido muchísimo, sobre todo, desde la Covid y con series como Gambito de Dama o contenido online de influencers. Pero todo pasa porque el ajedrez es adictivo. Tienes la sensación de mejorar desde el primer momento y si juegas online puedes ver cómo subes de nivel. Además, es un deporte que te permite desconectar del mundo exterior, al jugar tienes la sensación de que el tiempo desaparece. Es relajante y desafiante a la vez.
Todavía es visto por muchos como un deporte elitista. ¿Está cambiando esta percepción?
De verdad, no es para nada elitista. Uno de los objetivos de este proyecto es cambiar esta visión. Mis clientes son muy diversos. Tenemos una variedad de perfiles increíble con distintas nacionalidades, edades, clases... Es un deporte intelectual, sí, pero también barato, lo que lo hace accesible.
¿Qué crees que puede aportar el ajedrez a una sociedad hiperconectada y acelerada?
Aquí la gente juega cara a cara, reconecta y conoce a otras personas. Tengo bastantes clientes que me han dicho que es la primera vez que juegan con un tablero, y aprecian la diferencia. Aquí, las reacciones del contrario son importantes. Además, fomenta las relaciones. Creo que la gente ahora está buscando sitios donde conocer a otras personas, porque no siempre es fácil. Este es lugar al que puedes ir solo, no es raro, y conocer a gente con tus mismos intereses.



