Esther Lapaz: “No podemos dar por hecho que las condiciones que han permitido nuestra existencia vayan a mantenerse”
Lapaz es geóloga, divulgadora y autora de ‘Con los pies en la tierra’

Reyes, guerras y revoluciones protagonizan los libros de historia, pero bajo todos ellos actúa una fuerza más silenciosa pero a menudo más poderosa: la geología. Los recursos disponibles, el clima, los grandes ríos, los volcanes o los terremotos han condicionado durante siglos dónde nos asentamos, cómo prosperamos e incluso qué conflictos libramos. Desde el primer chispazo que encendió el fuego en la prehistoria hasta la feroz competencia por las tierras raras que sostienen la actual sociedad tecnológica, la geología ha estado detrás de cada uno de nuestros grandes avances, aunque la mayoría no reparemos en ella. Esther Lapaz, geóloga, divulgadora (en redes es conocida como @thermoclina) y autora de Con los pies en la Tierra, propone mirar el pasado desde los cimientos para entender mejor nuestro presente y nuestro futuro. Hablamos con ella sobre el papel de la geología en el devenir de las civilizaciones, la lucha por los recursos estratégicos y las lecciones que millones de años de historia de la Tierra pueden ofrecernos para afrontar el futuro.
En el libro defiendes que la historia también la escriben la geología, el clima y los recursos, y no solo los reyes o las guerras. ¿Hasta qué punto la geología ha determinado el devenir de las civilizaciones?
Lo ha hecho de muchas formas distintas. Por ejemplo, la disponibilidad de agua y de suelos fértiles influyó en dónde pudieron asentarse las primeras civilizaciones, la distribución de determinados recursos minerales condicionó el desarrollo de la metalurgia, y, en épocas más recientes, la presencia de combustibles fósiles dentro de las fronteras de determinados países ha tenido importantes repercusiones económicas y políticas.
¿Hubo algún acontecimiento histórico concreto que te hiciera decir: "Esto ocurrió por la geología y nadie lo está contando así"?
En 1815, el volcán Tambora, en Indonesia, protagonizó una de las mayores erupciones volcánicas de las que tenemos constancia. La enorme cantidad de aerosoles que lanzó a la atmósfera alteró el clima a escala global, y 1816 pasó a conocerse como ‘el año sin verano’, con temperaturas anormalmente bajas y un tiempo especialmente lluvioso en buena parte del hemisferio norte. Ese verano tan desapacible hizo que Mary Shelley, Lord Byron y otras personalidades de la época pasaran mucho tiempo encerrados en una villa a orillas del lago Lemán (Suiza). Para entretenerse, empezaron a inventar historias de terror y, en ese contexto, Mary Shelley concibió Frankenstein.
¿Cómo moldeó la tectónica de placas la distribución de las primeras civilizaciones?
Cuando surgieron las primeras civilizaciones, la distribución de los continentes ya era, a grandes rasgos, la que conocemos hoy. Las montañas, las llanuras, las cuencas… buena parte de los paisajes que hoy conocemos ya estaban ahí. No obstante, pese a que la tectónica de placas no tuvo un efecto directo sobre la distribución de las primeras civilizaciones per se, sí que contribuyó a crear las condiciones que, con el tiempo, condicionaron dónde y cómo pudieron surgir. Hace millones de años, los procesos tectónicos configuraron el relieve y contribuyeron a formar y concentrar muchos de los recursos geológicos que los seres humanos hemos acabado utilizando.
Egipto, Mesopotamia o el Imperio romano prosperaron gracias a unas condiciones geológicas muy concretas. ¿Qué lección podemos extraer de esos casos para entender las sociedades actuales?
La importancia de conocer y saber aprovechar la geología dentro de nuestro territorio. Egipto y Mesopotamia son dos ejemplos muy claros: el aporte de sedimentos de sus grandes ríos proporcionaba suelos fértiles para la agricultura y, en Mesopotamia, además, abundante arcilla que acabaría utilizándose para elaborar las primeras tablillas de escritura. Por su parte, los romanos supieron adaptar el relieve rocoso a sus necesidades, llegando incluso a cortar montañas para construir sus vías, como si de un trozo de pastel se tratase.
¿Dónde sitúas la frontera entre la influencia del medio físico y la capacidad humana para modificar su destino?
Creo que es bastante útil imaginar el medio físico como un tablero de ajedrez. Pueden tocarnos las piezas blancas o las negras, es decir, podemos contar con unos recursos, un clima o un relieve más o menos favorables dentro de nuestras fronteras y partir, por tanto, con una mayor o menor ventaja inicial. Pero después entra en juego nuestra capacidad de adaptación y las decisiones que tomamos ante esas circunstancias. Evidentemente, esta es una premisa que tiene sentido para entender buena parte de la historia, pero si la extrapolamos a los últimos siglos se convierte en una visión demasiado simplista. Hoy en día, ni el medio físico ni la capacidad humana bastan por sí solos para explicar por qué unas sociedades prosperan y otras no. Entran en juego muchos otros factores, como las relaciones de poder, la economía, la política…
"Los recursos que hoy consideramos estratégicos han cambiado, pero en el fondo se sigue repitiendo una lógica muy antigua: aquellos territorios que albergan recursos preciados se convierten en objeto de intereses y disputas geopolíticas por parte de otras potencias. En los últimos meses lo hemos visto con la crisis del estrecho de Ormuz o los intentos de compra de la isla de Groenlandia por parte de Trump"
¿Cuál consideras que ha sido el recurso mineral o geológico más subestimado por la historia?
Te diría que el cobre. Todo aquel que estudie historia conocerá su importancia, pero creo que si preguntásemos a la mayoría de la gente qué recurso geológico ha sido fundamental para nuestra historia, probablemente no figuraría entre las primeras respuestas. No obstante, el cobre está detrás de uno de los grandes saltos tecnológicos de la humanidad: el desarrollo de la metalurgia. Su aleación con estaño dio lugar al bronce, que acabaría dando nombre a la tan conocida etapa de la Prehistoria.
En el pasado dependimos del cobre, el carbón o el petróleo, y ahora lo hacemos del litio, el cobalto, el coltán y las tierras raras. ¿Estamos repitiendo los mismos errores y patrones de colonialismo geológico del pasado?
Sí, de hecho, podemos verlo en las noticias prácticamente a diario. Los recursos que hoy consideramos estratégicos han cambiado, pero en el fondo se sigue repitiendo una lógica muy antigua: aquellos territorios que albergan recursos preciados se convierten en objeto de intereses y disputas geopolíticas por parte de otras potencias. En los últimos meses lo hemos visto con la crisis del estrecho de Ormuz o los intentos de compra de la isla de Groenlandia por parte de Trump.
¿Hasta qué punto los grandes desastres naturales han cambiado el rumbo de la historia?
Lo han hecho de varias formas. Se me ocurre, por ejemplo, el terremoto de Lisboa de 1755. En él encontramos el germen de la ciencia que hoy conocemos como sismología. La magnitud de la catástrofe y la devastación que provocó llevaron a las autoridades de la época a intentar comprender qué había sucedido de una manera mucho más sistemática. Se enviaron cuestionarios a distintas partes de Portugal y España para recopilar información sobre cómo se había sentido el terremoto, qué daños había causado o cuánto había durado, algo que podemos considerar uno de los primeros intentos de recoger datos de un terremoto de forma metódica.
"Estamos acostumbrados a medir el tiempo en días, años o, como mucho, décadas, pero la Tierra funciona en escalas de miles, millones e incluso miles de millones de años. Cuando empiezas a mirar el mundo desde esa perspectiva, nuestra obsesión por la inmediatez resulta, incluso, un poco extraña"
¿Crees que minusvaloramos el impacto de los riesgos geológicos porque operan en escalas temporales distintas a las humanas?
Totalmente. A los seres humanos nos cuesta mucho pensar en órdenes de magnitud de cientos de miles o millones de años. Nuestra esperanza de vida ronda los 75 años, así que cualquier proceso que se desarrolle mucho más allá de esa escala temporal nos resulta difícil de concebir. Esto también afecta a nuestra percepción de los riesgos geológicos. Si un terremoto de gran magnitud ocurre una vez cada varios centenares de años, es muy difícil que forme parte de nuestra memoria colectiva como sociedad, aunque sepamos que volverá a ocurrir. Tendemos a preocuparnos más por aquello que podemos experimentar directamente o que sucede dentro de nuestro horizonte temporal. Esta visión tan limitada del tiempo también hace que nos cueste pensar en quienes vendrán después. Las consecuencias que nosotros no llegaremos a experimentar quedan fuera de nuestras prioridades y, por eso, a menudo ignoramos el bagaje que estamos legando a las generaciones venideras.
¿Qué gran lección del pasado geológico de la Tierra deberíamos tener grabada a fuego para asegurar nuestra supervivencia como especie?
La importancia de un equilibro climático para nuestra supervivencia (y no solo para la nuestra, sino para la de cualquier forma de vida en la Tierra). A lo largo de la historia de nuestro planeta se han producido cinco grandes extinciones masivas. Las causas fueron distintas en cada caso, pero todas implicaron cambios ambientales de una magnitud capaz de alterar las condiciones de vida. A veces se nos olvida lo frágiles que somos. Estamos adaptados a unas condiciones ambientales muy concretas, y alterarlas tiene consecuencias. Llevamos décadas tensando la cuerda, pensando que no va a pasar nada, cuando en realidad sí que pasa. Para mí, la gran lección que deberíamos extraer del pasado geológico de la Tierra es que no podemos dar por hecho que las condiciones que han permitido nuestra existencia vayan a mantenerse indefinidamente.
Las redes sociales se mueven a un ritmo frenético. ¿Cómo de difícil es sintetizar procesos geológicos que requieren millones de años en formatos de consumo rápido?
Es complicado, y es un tipo de divulgación que tiene mucho trabajo detrás. En mi perfil tengo una serie llamada ‘1 periodo geológico en 1 minuto’, en la que dedico un vídeo de aproximadamente un minuto a cada periodo de la historia de nuestro planeta. A veces la gente me dice que tardo mucho en subir los vídeos, pero creo que es difícil hacerse una idea de todo lo que hay detrás. Cada periodo geológico abarca varios millones de años y en ese tiempo suceden infinidad de cosas: aparecen y desaparecen especies, cambian los continentes, el clima, los océanos… El reto está en decidir qué es realmente importante y conseguir contarlo de forma comprensible y entretenida en apenas un minuto, sin perder por el camino el rigor científico. Asimismo, la historia geológica de nuestro planeta no siempre es un campo en el que resulte sencillo encontrar información. Muchas veces hay que acudir directamente a artículos científicos, entender bien la información, seleccionar lo relevante y convertirlo después en un guion que funcione en un formato tan breve. ¡Y a eso hay que sumar la grabación y la edición! Así que sí: es un poco laborioso, pero también sumamente gratificante.
¿Crees que la geología puede ayudarnos a pensar en el largo plazo en una sociedad obsesionada con la inmediatez?
Sí, creo que la geología puede ser una herramienta muy útil para aprender a pensar a largo plazo. Estamos acostumbrados a medir el tiempo en días, años o, como mucho, décadas, pero la Tierra funciona en escalas de miles, millones e incluso miles de millones de años. Cuando empiezas a mirar el mundo desde esa perspectiva, nuestra obsesión por la inmediatez resulta, incluso, un poco extraña.



