La nueva mirada del cine y las series sobre la paternidad
Las historias recientes reflejan vínculos familiares más complejos, emocionales y realistas

La gran vencedora de la última edición de los Oscar, Una batalla tras otra, es un thriller político, pero también un drama sobre lo que significa ser una familia en medio del vacío que deja la ausencia de la madre. Otra de las películas del año, Valor sentimental, del noruego Joachim Trier, explora el impacto del abandono paterno y la compleja reconstrucción de los vínculos entre un padre y sus hijas. También Hamnet se centra en la familia y en cómo la maternidad, pero también la paternidad se ven devastadas por la pérdida de un hijo.
Sirat, la historia de un padre que emprende la búsqueda de una hija desaparecida, es otro viaje emocional sobre el duelo. Y la paternidad también tiene un papel destacado en algunos de los principales títulos del cine español de los últimos meses, como Maspalomas, Los domingos o Sorda, que le ha dado a Álvaro Cervantes su primer Goya por dar vida a un hombre que lucha por establecer una relación emocional con su pareja y su hija a pesar de las barreras de comunicación.

Tenemos padres entregados, padres admirables, padres contritos, padres terribles… Padres, en definitiva, diversos, y es que, como ha pasado también en el caso de las madres, la ficción contemporánea parece estar al fin abriéndose a formas distintas, y seguramente más realistas, de afrontar la paternidad. Toda una novedad para una industria que a la hora de retratar esta figura se había movido principalmente entre dos opciones: la visión idealizada del padre-héroe, ese hombre fuerte y con la emotividad de una patata cuya principal misión era proteger a la prole, y el padre inaccesible o ausente.
Un estudio realizado por The Family Watch sobre las películas y las series más vistas en España en 2022 concluía que la tendencia hacia la disfuncionalidad o ausencia de la figura paterna en la ficción seguía siendo lo habitual. Según el análisis, realizado sobre títulos como Padre no hay más que uno, Puñales por la espalda, No mires arriba, Stranger things, Los Bridgerton, Miércoles y The Crown, el 57,5% de los padres eran figuras ausentes. Algunos no estaban físicamente (por fallecimiento o alejamiento de los hijos) y otros estaban… pero como si no lo hicieran (figuras emocionalmente inaccesibles, desconectadas o inmersas en sus propios quehaceres). Además, un 75% de los padres se mostraba incapaz de atender las necesidades de sus hijos, y un 70% tenía una relación conflictiva con sus hijos. Además, un 40% respondía a un modelo de paternidad autoritaria, caracterizado por la inflexibilidad, la escasa empatía y una relación fría, dura e incluso violenta con los hijos.
El estudio destacaba la falta de modelos de paternidad positivos y comprometidos, aunque admitía la existencia de notables excepciones a la regla. Es cierto que en el cine también ha habido padres comprometidos. Algunos ejemplos: Chris Gardner (En busca de la felicidad), Guido (La vida es bella), Mufasa (El rey león), Marlin (Buscando a Nemo), Sam (Mi nombre es Sam) o, remontándonos un poco más atrás, Atticus Finch, el abogado y abnegado padre de Matar a un ruiseñor, que, por cierto, ocupa el primer puesto del ranking del héroe americano ideal realizado por el American Film Institute.
Pero los padres ideales no han sido la norma. La historia del séptimo arte está llena de padres estrictos, negligentes o autoritarios que dañan las dinámicas familiares. Y tampoco es de extrañar que sea así: el cine tiende a buscar el conflicto, porque es el motor que impulsa las tramas, y en este sentido, la relación padres-hijos, por su complejidad y sus implicaciones, resulta una auténtica mina. “No todos somos o seremos padres o madres, pero todos somos hijos. Esto, en las películas y en las series, se traduce en que la relación entre padre e hijo es una cuestión inevitable y a menudo central en la trama. Es cierto que muchas de las relaciones entre padres e hijos son conflictivas, pero también es verdad que, en bastantes ocasiones, esto es un recurso necesario para un abrazo final, reconciliación entre ellos o, al menos, una búsqueda del padre que se ha perdido”, apunta Isidro Catela, autor del informe de The Family Watch.

En cualquier caso, que el cine empiece a abrirse a retratos más positivos, o al menos más complejos, de la paternidad es una buena noticia. Algo similar está pasando en la televisión, donde cada vez se ven más historias que exploran la vulnerabilidad, la crianza en solitario y las emociones paternas. Eric o This is us son buenos ejemplos. Incluso en títulos de ciencia ficción como Stranger things o The mandalorian los retos emocionales de los padres se han hecho un hueco en las tramas. Ver personajes que aman, sienten, dudan, tropiezan y se enfrentan a sus miedos no solo resulta más interesante, también puede contribuir a modelar nuestra forma de ver la masculinidad, en un momento en el que los discursos de otras épocas parecen volver a cobrar fuerza.



