Belén Rueda: “El terror forma parte de mi ADN”
La actriz regresa, con ‘El vestido’, al género que le ha dado sus mayores éxitos hasta la fecha

Gracias a títulos como El orfanato o Los ojos de Julia, Belén Rueda se convirtió en uno de los rostros imprescindibles del cine fantástico y de terror en España. La actriz regresa ahora a este género con El vestido, película dirigida por Jacob Santana que llega este viernes a los cines.
Para ella, el proyecto tuvo algo de deseo formulado en voz alta. “Hay proyectos que te atrapan porque has leído el guion o porque quieres trabajar con una directora o un director en concreto”, explica. Ella ya había trabajado con Santana rodando Reversión en República Dominicana. “Cuando vas fuera haces de tu familia el equipo y tuvimos tiempo de charlar. Me preguntó que qué me apetecía hacer. Y esto es como la carta a los Reyes. Le dije que me apetecería hacer algo de género otra vez”.
Así que dicho y hecho. En esta nueva historia interpreta a una mujer que, después de un divorcio difícil, se muda con su hija a una vieja casa en busca de un nuevo comienzo. Lo que parecía una oportunidad para reconstruirse pronto se transforma en una experiencia inquietante. Una historia de fantasmas en la que el miedo no solo se esconde en los pasillos de la casa, sino también en las heridas que una madre intenta dejar atrás.
Regresar al terror ha tenido, para la actriz, un componente casi íntimo. “Para mí, forma parte de mi ADN. Es como una manera romántica de volver y de enfrentarlo también de una manera diferente”. En El vestido, explica, hay una apuesta por la sencillez que obliga a los actores a exponerse más. “Parece que según vas haciendo más películas tienes que hacerlas con más producción, y sin embargo esta está bastante desnuda, aunque se llame El vestido. No hay muchos espacios: está la casa, el colegio y la calle. Poco más”. Eso les ha obligado a una ‘desnudez’ interpretativa que se apoya en una puesta en escena muy precisa. “A nivel de cámara, Jacob Santana tiene una técnica brutal. Consigue que la casa sea un personaje más”.

Asegura Belén Rueda que el terror ofrece una libertad creativa muy particular, porque permite explorar emociones y reacciones extremas que en la vida cotidiana serían imposibles de expresar. “Con este tipo de películas tienes el privilegio de lanzarte a hacer todas aquellas cosas más estrambóticas que tienes en la mente y que tu cuerpo tiene que traducir de una manera muy incontrolada. Pero si entiendes al personaje y todos sus traumas, no sale una cosa típica, sino algo diferente”.
La tensión que atraviesa la película no proviene solo de los elementos sobrenaturales. Alicia llega a la casa en una situación límite. Viene de una relación tóxica, con un marido maltratador, con la autoestima por los suelos, una economía precaria y el miedo constante a perder la custodia de su hija. Para construir ese estado emocional, Rueda necesitó un trabajo previo minucioso. “A mí me gusta crearme un universo, un pasado, aunque luego no se vea”. De hecho, parte de ese pasado se rodó y después desapareció en montaje. “Había una secuencia con el exmarido y la hemos eliminado porque la angustia del personaje de Alicia ya es suficiente. No hace falta subrayarla”.

En el filme, tiene el privilegio de compartir pantalla con su propia hija, Belén Écija, que interpreta a la marchante de arte de Alicia. La experiencia, asegura, ha sido fantástica. “La he visto crecer muchísimo a nivel interpretativo. Y ha luchado mucho, porque al principio no estábamos muy convencidos por la inestabilidad de este trabajo”, explica. “Es una profesión en la que te enfrentas a muchos noes, especialmente en los castings”.



