Imogen Cunningham y la belleza del cuerpo humano
La Fábrica exhibe una muestra de los desnudos de la fotógrafa

Cuando le preguntaban cuál de entre sus fotos era la favorita solía responder: "La que haré mañana". Imogen Cunningham consagró su vida a la búsqueda de su esencia creativa. Fue una de las máximas representantes del estilo pictorealista y de la evolución de la fotografía norteamericana en el siglo pasado.
Aunque se inspiró sobre todo en el mundo de la naturaleza y la botánica, el desnudo fue también uno de sus temas recurrentes. Hasta el próximo 6 de febrero La Fábrica expone una pequeña selección de las fotografías en blanco y negro de su serie Nude. Un conjunto cuyo fin es la “búsqueda apasionada de la forma y la belleza”, explica su nieta, Meg Partridge.

La infancia de Imogen Cunningham transcurrió en una granja de Portland (Oregón). Su padre, que la llamó Imogen en honor a la heroína de Cimbelino, de Shakespeare, la animó a leer y recibir clases de arte.
Su interés por la fotografía se despertó cuando estudiaba Química en la Universidad de Washington. Con una cámara que recibió como regalo al apuntarse a un curso por correspondencia empezó a practicar por el campus. Precisamente allí fotografió, en 1906, su primer desnudo, un autorretrato sobre la hierba.
Años más tarde se convirtió en una de las primeras fotógrafas en hacer desnudos masculinos: el de su marido, el artista Roi Partridge. Una de estas imágenes apareció en la publicación de Seattle The Town Crier causando una gran polémica, y su obra recibió duras críticas, algo que a ella parecía no molestarle. “Cualquiera que haga algo para el público puede ser criticado. Siempre habrá alguien a quien no le guste”, decía.

En sus fotografías Cunningham pone de manifiesto el valor y la belleza del cuerpo en sí mismo, que para ella era solo un envoltorio. “Transformo a las personas en seres humanos al no convertirlos en dioses”, explicó en varias ocasiones.
Sus desnudos se alejan de lo obsceno, lo vulgar y el prejuicio. “Retrataba el desnudo de los cuerpos humanos mostrando el carácter atributivo que en realidad tiene el despojarse de la ropa y, figurativamente, de todo aquello que nos pesa, condiciona y prejuzga”, apuntan desde La Fábrica.
