El machismo sigue jugando en el fútbol español
Jugadoras, colegiadas, periodistas y aficionadas siguen siendo objetivo habitual de insultos y ataques por parte de quienes consideran que el fútbol debería ser territorio exclusivamente masculino

Las recientes declaraciones de Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, en las que, durante una comparecencia ante la prensa para convocar elecciones en el club, se refirió a una redactora de Marca como "esa niña" y cuestionó la capacidad de otra periodista de ABC, a la que definió como “una mujer que no sé si sabe de fútbol”, son un ejemplo más del machismo que sigue imperando en muchos estratos de la sociedad en general y en el mundo del fútbol en particular.
Aunque millones de personas, tanto hombres como mujeres, disfrutan y practican este deporte en todo el mundo, ellas siguen estando expuestas a los comentarios despectivos y los ataques de quienes consideran que el fútbol debería ser un terreno exclusivamente masculino. No hablamos solo de la gigantesca brecha que separa al fútbol masculino del femenino, aunque la falta de recursos y la discriminación sistémica a la que muchos clubes han sometido a sus equipos femeninos también sea una forma de machismo. Pero más allá de eso, las faltas de respeto, los insultos y las agresiones siguen siendo muy habituales en el fútbol profesional, algo que, en un momento u otro, han experimentado todas las mujeres vinculadas a este deporte, sea por parte de compañeros, aficionados e incluso superiores.
En este sentido, imposible no recordar el caso Rubiales, un escándalo en España y a nivel internacional. Cabría pensar que la caída del expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) a consecuencia de su injustificable comportamiento (no solo el famoso beso a Jennifer Hermoso sin su consentimiento, en otro vídeo se veía cómo había celebrado la victoria de la Selección agarrándose los genitales en el palco) podría servir de aviso a navegantes, pero no parece haber sido el caso.
También fue muy sonada la polémica contratación en 2022 de Carlos Santiso como entrenador del Rayo femenino. El técnico estaba en entredicho desde que unos meses antes saliera a la luz un audio en el que animaba a su cuerpo técnico "hacer una como los del Arandina", en alusión a la violación grupal a una menor de 15 años por la que varios futbolistas del club burgalés fueron condenados. "Este staff es increíble, pero nos faltan cosas. Nos falta, sigo diciéndolo, hacer pues una como los del Arandina. Nos falta que cojamos a una, pero que sea mayor de edad para no meternos en 'jaris', y cargárnosla ahí todos juntos. Eso es lo que realmente une a un staff y a un equipo. Mira a los de la Arandina, iban directos a un ascenso", se podía escuchar en el audio que Santiso envío a sus compañeros vía Whatsapp. Santiso se justificó diciendo que había sido una broma. El Rayo le mantuvo dos temporadas al frente de su equipo femenino.
Los comentarios machistas y las ‘bromas’ de vestuario son todavía algo muy habitual. Normalmente se quedan allí, aunque de vez en cuando algún caso sale a la luz. Hace unos años, por ejemplo, varios jugadores de la Selección Española le cantaron “rubia de bote, cómeme el cipote” a una periodista de Cuatro cuando intentaba entrevistarles ya montados en el autobús del equipo. Alguien grabó los cánticos que salían del bus y el vídeo se movió a través de internet. Ya no está disponible, aunque medios como la Ser o El País denunciaron en su momento los hechos.
La grada también resulta a menudo un lugar incómodo para las mujeres. En 2021, la Football Supporters’ Association hizo un estudio sobre la experiencia de las espectadoras del fútbol, Women at the match. Según sus respuestas, el 34% de las aficionadas había sufrido comentarios sexistas, el 24% había escuchado cánticos sexistas y el 29% habían soportado “atención física no deseada” mientras asistían a un partido masculino. Parece que paternalismo rancio del presidente del Real Madrid también es algo bastante extendido: al 44% de las aficionadas les habían dicho eso de que “sabían mucho de fútbol para ser una mujer”. Esa encuesta se hizo en Reino Unido, y es que el machismo en el fútbol no es un problema exclusivamente español. Histórico fue lo de la entrega del primer Balón de Oro femenino, en 2018. Lo recogió la noruega Ada Hegerberg, a la que el presentador de la gala, el DJ Martin Solveig, le preguntó en el escenario si sabía perrear. Por su cara, ella tampoco le vio la gracia a la ‘broma’.
Ni siquiera un Balón de Oro o ser campeona del mundo libra a las jugadoras de recibir insultos o comentarios machistas. Otro ejemplo: el mural dedicado a la selección femenina de fútbol española, pintado en el centro de Barcelona para homenajear a las jugadoras locales (Alexia Putellas, Aitana Bonmatí y Salma Paralluelo) tras su victoria en el Mundial, fue vandalizado poco después con frases como "mujeres a barrer y a fregar" o "soy feminista, pero no pido trabajo en la obra".
Las agresiones más graves, sin embargo, suelen darse en las categorías inferiores, donde las futbolistas están más desprotegidas. En 2019, por ejemplo, la colegiada del encuentro que se disputaban el Terrassa FC y la EF Viladecavalls, de la preferente catalana, tuvo que parar el encuentro por los insultos que los veteranos del Terrasa estaban dirigiendo a las jugadoras. “Salid ya del campo que tenemos que jugar nosotros, este partido habría de estado suspendido. No tendría que estar jugándose" o "Iros a la cocina, iros a fregar, sois unas mierdas, sois unas guarras”, fueron algunas de las lindezas que sus propios compañeros les dedicaron.



