Cuando el peso importa más que la salud: cómo la presión estética condiciona nuestra relación con la comida
La nutricionista Inés Guijarro habla sobre cómo el ideal estético condiciona nuestra relación con la comida en el primer artículo de la nueva sección sobre bienestar que estrenamos

La presión estética es algo que empieza a edades muy tempranas. Valorar nuestro cuerpo por cómo lucimos más que por cómo nos sentimos se convierte desde muy pronto en el centro de nuestra atención. Ponemos el foco en el físico y hacemos todo lo posible por cambiarlo para alcanzar un ideal que nos han metido en la cabeza y que siempre es inalcanzable.
A eso se añade que, a menudo, por el camino, empezamos a restringir, a obsesionarnos con el peso, y terminamos generando un vínculo muy dañino con la comida. Este modelo de pensamiento puede llevar, incluso, a desarrollar un trastorno alimentario.
Además, el objetivo estético soñado nunca se cumple, porque no se trata solo de llegar a un peso u otra talla, se trata de alcanzar una perfección física imposible de mantener y que, además, no garantiza la salud. La salud no entra en una única talla. No se puede medir solamente por el peso corporal. Es un concepto holístico que engloba muchos aspectos: físicos, emocionales, sociales, metabólicos, genéticos… Pretender que un cuerpo de los considerados ‘perfectos’ implique, de forma automática, buena salud, es una simplificación muy peligrosa.
El impacto de las dietas y la restricción en la salud
Al perseguir ese ideal inalcanzable, muchas veces deterioramos nuestra salud mental y física. La restricción, los ciclos de pérdida y ganancia de peso, el hambre y la culpa acaban desregulando el metabolismo y favoreciendo comportamientos impulsivos con la comida. ¿Qué provoca todo esto? Una obsesión mucho mayor por los alimentos ‘prohibidos’, que solo aumentan su poder. Terminamos comiendo de forma más impulsiva, muchas veces sin disfrutar, y con una culpa constante que mantiene nuestra mente anclada en la comida: pensando en calorías, en el peso, en qué comer después, en cómo compensar lo anterior…
Esta dinámica también afecta a nuestra relación con el deporte, que a menudo solo practicamos persiguiendo un cambio estético, algo que no es sostenible a largo plazo. Terminamos frustradas, agotadas y con menos ganas de movernos, porque el ejercicio deja de ser disfrute y se convierte en obligación.
Salud mental y salud física: una relación inseparable
La culpa constante, el miedo a comer y la obsesión por el peso acaban generando mucha ansiedad y estrés, lo que afecta directamente a la salud. El cuerpo y la mente están profundamente conectados: trabajar solo uno sin cuidar el otro nunca es una solución integral.
Por todo ello, es muy importante tratar de recuperar el equilibrio de forma más natural. Tenemos que aprender a alimentarlos según las señales de hambre y saciedad, a identificar y eliminar las restricciones innecesarias y a acercarnos a la comida con más calma y menos juicio. Una alimentación más intuitiva, flexible y sostenible nos permite disfrutar de la comida sin caer en dietas, en prohibiciones ni en ideas de lo que ‘deberíamos’ hacer.
En este camino, es fundamental contar con profesionales actualizados en nutrición, no dejarse llevar por consejos de amigos, familiares o ‘expertos de internet’. La nutrición necesita ser atendida, estudiada y aplicada con criterio, y no tratada como un tema de opinión.
Debemos aprender a respetar nuestro cuerpo y sus diferentes etapas, a entender que a lo largo de la vida es normal que experimentemos cambios. Trabajar en esta aceptación es fundamental para reducir los castigos a nuestro cuerpo y empezar a valorarlo por todo lo que nos permite hacer en el día a día, y no solo por la imagen, aunque la sociedad en la que vivimos no nos lo ponga fácil.
La alimentación como bienestar y autocuidado
Una buena nutrición no se centra únicamente en lo calórico ni en lo estético. Es un enfoque integral que cuida la salud física, mental y social. La comida es mucho más que nutrientes o calorías: es disfrute, autocuidado, conexión y momentos compartidos. Todos los enfoques que niegan el placer en la alimentación, al final nos están quitando algo muy básico: la idea de que la nutrición es mucho más que un cálculo, y que alimentarse bien también es cuidarse con cariño y respeto.
Inés Guijarro es nutricionista clínica especializada en TCA y relación con la comida.
