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“al final, los éxitos son


           un regalo para el ego,


           pero no te enseñan mucho


           más. las equivocaciones,



           sin embargo, te dan


           muchas pistas”.







           reconocida en mi trabajo, y no lo conseguía. No disfrutaba con
           lo que hacía y lo dejé otra vez. Fue una crisis creativa, otra más,
           pero tan importante que acabó convirtiéndose en una crisis de
           identidad. Y, sin embargo, fue lo que al final me llevó a donde de
           verdad quería ir.


           Una tarde en la que no tenía otra presión más que pintar para mí,
           disfrutar, mancharme  y ver  qué pasaba,  surgió  la  serie  Faceless.
           Acababa de leer el libro Éramos unos niños, de Patti Smith, y me
           apeteció  mucho  hacer un  retrato  de  ella. Por  entonces  llevaba
           muchos años sin tocar los pinceles y los acrílicos. Como el lienzo
           en blanco da mucho miedo, cuando empiezo un trabajo nuevo
           me gusta ponerme algunos límites. Las condiciones esta vez eran
           que tenía que pintar un retrato con pincel y utilizando los colores
           primarios, además del blanco y el negro. El resultado fue desastroso.
           Iba a tirarlo porque no me gustaba en absoluto, pero como tenía un
           montón de pintura que acaba de comprar y se iba a quedar seca en
           la paleta, decidí rellenar con esos colores el retrato que, de todas
           formas, iba a ir a la basura.  Usé todos los colores: uno para el fondo,
           otro para la cara, otro para la ropa…. Y entonces me di cuenta de
           que sin ver la cara, seguía reconociendo a Patti Smith. Ahí se me
           encendió la bombilla. Pensé que sería interesante plantear un juego,
           una especie de quién es quién que fuera un tributo a mis ídolos:
           Picasso, David Lynch, Frida Kahlo… Fui subiendo a Instagram un
           dibujo al día y a la gente le gustó mucho, la cuenta empezó a crecer
           y mi carrera dio un giro.

           Al final, los éxitos son un regalo para el ego, pero no te enseñan
           mucho más. Las equivocaciones, sin embargo, te dan muchas
           pistas. De lo que funciona y de lo que no funciona. Con Faceless
           vi claro cómo a partir de un error puedes descubrir tu voz. En esos
           momentos te sientes tú misma y todo tiene coherencia. Se cierra
           el círculo. Pero, pasado el tiempo, empiezo a querer hacer cosas
           nuevas, a probar nuevos estilos y de repente vuelvo a sentir que el
           margen de error es muy pequeño. A veces también sigo sintiendo
           que tengo que demostrar todo el tiempo lo que valgo. Por eso de
           vez en cuando me recuerdo que debo permitirme seguir fallando,
           porque sé que sin errores no hay evolución. #

             Coco Dávez es fotógrafa, pintora, ilustradora y directora de arte


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