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¿qué estás pensando... amiga suya que editaba revistas lo vio y quiso hacerme un reportaje.
Para ilustrarlo me pidió mis mejores dibujos. Por supuesto, yo no
tenía portfolio, pero le dije que me diera unos días para buscarlos.
Estuve pintando día y noche sin parar durante una semana para
poder mandarle algo. Al ver que vivía en Londres, se imaginó que
tendría un estudio estupendo y sugirió que quedaría muy bien que
le mandara también unas fotos del estudio. En ese momento yo vivía
en una residencia de monjas con otras cuarenta chicas, compartía
habitación y no tenía absolutamente nada, pero le dije: dame unos
Desde niña he vivido pegada a un papel y un lápiz. Durante toda mi días más y te mando las fotos. Acaba de hacer un amigo que tenía
infancia me sentí bastante apoyada por mi padre. En realidad, por una casa muy bonita y le pedí que me dejara recrear allí un estudio
mi padre y mi madre, pero creo que sobre todo por él, o al menos falso para hacer las fotos. En resumen, fue todo una gran mentira
así lo recuerdo. Fue quien me apuntó a clases de manualidades y que acabó conduciéndome a una gran verdad. Colgué en Facebook
luego a clases de pintura. Cuando tenía 13 años, entrando ya en la las seis ilustraciones que había creado para enviar a la periodista,
etapa de la rebeldía, las dejé. No porque no me gustara pintar, sino las vio Rodrigo Sánchez, director de arte de Unidad Editorial, y me
porque no me gustaba que me dijeran qué debía pintar. Pero como propuso empezar a trabajar en los suplementos del periódico. Allí
no sabía muy bien cómo explicarle a mi padre lo que me pasaba, estuve cinco años.
simplemente le dije que ya no me interesaba. Hasta los 21 años
no volví a pintar oficialmente, aunque a escondidas siempre estaba A mi vuelta a España me encontré con una situación todavía peor.
bocetando cosas. La crisis había golpeado de lleno al país, pero, sobre todo, a los
medios. Asistir a la muerte de la prensa en papel me hizo darme
Durante ese lapso de tiempo me metí de lleno en la fotografía. cuenta de que la mía iba a ser una carrera complicada y de que la
No hice Bellas Artes y eso es algo que me marcó en los inicios de vida del dibujante fluctúa mucho. Para no sufrir más, después de El
mi carrera. Siempre fui muy mala estudiante. Me pasé castigada Mundo busqué durante dos años trabajos de lo más variopinto que
casi toda la adolescencia por mis notas. Llegaba a casa con siete me permitieran dedicarme a la pintura únicamente en mis ratos
suspensos y tres sobresalientes. En las asignaturas que me gustaban libres. Pero entonces me di cuenta de que las marcas comenzaban a
no estudiaba, simplemente me involucraba, atendía, disfrutaba y interesarse mucho por la ilustración y de que la disciplina iba a salir
todo resultaba muy fácil. El resto no, porque me parecía que se reforzada de la crisis. Empecé a llamar a agencias de comunicación
basaban en aprender las cosas de memoria y nunca he visto mucho y a trabajar mucho lo que colgaba en Instagram, porque intuía que
sentido a eso. No quería que ese método de enseñanza manchara mi crear una identidad y construirme una marca era algo interesante.
concepto del arte o una carrera con la que creía que podía disfrutar
mucho. El no tener esa formación académica me hizo sentir Por entonces yo era una dibujante que se adaptaba a cualquier
después durante bastante tiempo el síndrome del impostor. Tenía la estilo, pero llegó un momento en el que me empezó a apetecer verme
sensación de estar ocupando un lugar que no me correspondía por
no haber estudiado, pero al final entendí el porqué de las decisiones
que había tomado.
En ese momento, la idea de permanecer cuatro años más en Madrid
también me aburría. Quería conocer mundo, idiomas y gente nueva, “tenía la sensación
así que con 21 años me fui a Londres. Teniendo en cuenta que no
quería ir a la universidad y que en España había por entonces un
ambiente de lo más gris, irme a Londres a aprender fotografía me de estar ocupando
pareció la mejor opción. Casualidades de la vida, la primera persona
que conocí allí resultó ser un fotógrafo que me ofreció un puesto
de asistente. un lugar que no me
Enseguida me di cuenta de que no era lo mío. Con él trabajé
fotografía de moda, que es algo que no me llama especialmente correspondía por no
la atención, y empecé a echar muchísimo de menos pintar. Un
mes después, viéndome tan desmotivada, me preguntó que qué
me pasaba y al contárselo, me animó a retomar la pintura. En haber estudiado, pero al
agradecimiento, le regalé un retrato que colgué en Facebook. Una
final entendí el porqué
de las decisiones que
había tomado”.
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