El reto de construir una compañía donde los jóvenes elijan quedarse

Patricia Gómez
Con el paso de los años como profesional de recursos humanos y tras haber vivido los retos que plantea la gestión del talento en sectores tan diferentes como la industria o los servicios tecnológicos, veo con claridad que, más allá de nuevas máquinas o códigos, el factor de mayor peso en la prosperidad de un negocio son siempre las personas.
Sin embargo, el bienestar de las personas no siempre ha sido una prioridad en consultoría tecnológica. Y aunque las medidas de conciliación y los beneficios son cada vez más habituales, los altos índices de rotación, las jornadas excesivamente largas y la presión por plazos ajustados siguen siendo frecuentes.
Por eso mi principal preocupación profesional consiste en construir una empresa donde cada jugador del equipo, y especialmente los más jóvenes, decida quedarse. No quiero retener talento. No quiero empleados fieles. Quiero personas ilusionadas por un presente y un futuro profesional que les motive.
¿Una generación infiel?
Un tema de conversación habitual entre empresarios y gestores de personas gira en torno al papel de las nuevas generaciones dentro de la empresa. “Son impacientes”, “lo quieren todo, ya”, “se creen con derecho a…”, “no se sacrifican”. Si estás leyendo estas líneas, probablemente habrás escuchado alguna de estas críticas por parte de un mando intermedio o un alto ejecutivo, hacía los trabajadores más jóvenes de la empresa.
Y creo que no es justo. Por varios motivos. En primer lugar, los jóvenes son por definición, inconformistas, retadores, impacientes, contestatarios. Y así debe ser. Me preocuparía ver lo contrario.
Además, nuestros jóvenes profesionales se enfrentan a una realidad infinitamente más cambiante que la vivida por generaciones anteriores. El pacto no escrito entre empresa y trabajador para los profesionales de mediana o avanzada edad era claro: empieza desde abajo, sacrifícate, trabaja muchas horas, sé fiel a la empresa. Y de forma paulatina crecerán tus responsabilidades y mejorarán tus condiciones económicas.
Pero algunos no quieren ver que esta realidad ya no existe. Pasó. Disrupciones como la Inteligencia Artificial nos lo muestran de forma cruda. La incertidumbre es tal que, simplemente, la empresa no puede ofrecer ese pacto. Y los profesionales más jóvenes lo saben. Están muy preparados y saben que su tiempo es lo más valioso. No desean mucho dinero a cambio de perder su vida personal. Buscan equilibrio.
¿Cuál es la fórmula para conseguir ilusionar profesionalmente a las nuevas generaciones? Creo que descifrarla es uno de nuestros mayores retos, pero tengo claro que empieza por mirar a los ojos y escuchar lo que nos dicen. Y desde recursos humanos tenemos capacidad de influir sobre algunos factores que van en la buena dirección.
Teletrabajo: del presencialismo a la confianza
Mientras grandes compañías tecnológicas imponen la vuelta forzosa a la oficina, creo que dar libertad al profesional para trabajar desde cualquier ubicación es una declaración de absoluta confianza. El talento tecnológico no necesita una supervisión continua de lo que cada persona hace en todo momento. Necesita objetivos claros, herramientas para conseguirlos y un clima de confianza que motive al profesional a llegar a su máximo nivel de desempeño.
Sin embargo, es cierto que el teletrabajo conlleva un riesgo de aislamiento. Sin un contacto cara a cara entre personas, la cultura de empresa puede llegar a diluirse. La solución, en mi opinión, pasa por mantener reuniones presenciales frecuentes. Pero no reuniones presenciales al uso. Hablo de reuniones de team building, donde se vivan experiencias diferentes que cohesionen y motiven a los equipos.
Una cultura de formación y experimentación
En el sector tecnológico, el conocimiento es un pilar fundamental del servicio que brinda la empresa, pero tiene fecha de consumo preferente. Por eso la formación, entendida como un pacto entre empresa para cubrir sus necesidades y profesional para potenciar su empleabilidad, es crítica para que la persona sienta que está aumentando su valor, más allá de la experiencia que acumula en diferentes proyectos.
Pero la formación debe ir acompañada de una cultura real de experimentación, porque el fallo del profesional es inevitable cuando se aplican nuevas soluciones. Es la base de la innovación. Y transmitir a las personas un mensaje claro: puedes fallar. Pero si lo haces, debes aprender de ello.
La importancia de los mandos intermedios
Las competencias técnicas son fundamentales para los profesionales de consultoría tecnológica, pero existe un riesgo al promocionar a los mejores técnicos a posiciones de gestión. Porque un buen técnico no es necesariamente un buen líder de equipos.
Por eso hay que prestar una atención especial a este punto. Entender las áreas de mejora de cada persona y realizar evaluaciones 360 grados, nos proporcionará información muy valiosa para asegurar que nuestro equipo de mandos intermedios cuida en el día a día al resto de profesionales y transmite la cultura y valores de la empresa, más allá de atender los KPIs técnicos.
Un liderazgo más humano
El sector tecnológico es profundamente dinámico y presenta complejos desafíos para las personas que nos dedicamos a gestionar su talento. Atraer a los más jóvenes es uno de ellos. Y conseguir que nos elijan día tras día es, probablemente, el más apasionante de todos.
Para lograrlo, creo que es imprescindible un estilo de liderazgo más humano, que escuche, cuide sin caer en el paternalismo y, por encima de todo, se preocupe sinceramente porque cada persona brille en la organización.
Patricia Gómez es directora de recursos humanos de Grupo Aitana-Opentix.
