El gigante japonés de la moda desembarcará esta primavera en España. Tras varios años buscando el local idóneo abrir su primera tienda en nuestro país (al principio se especulaba con que sería en Madrid), lo ha encontrado en el número 18 del Paseo de Gracia de Barcelona, un establecimiento de 1.730 metros cuadrados distribuidos en 4 plantas.

Se suele hablar de Uniqlo como del Zara nipón. En realidad, la empresa tiene similitudes pero también bastantes diferencias con la marca de Inditex. Uniqlo pertenece al grupo Fast Retailing, una empresa que factura más de 10.000 millones de euros al año. Su fundador es Tadashi Yanai, que, como Amancio Ortega, empezó con una tienda. La inauguró el 2 de junio de 1984 en Hiroshima bajo el nombre de Unique Clothing Warehouse, que después abreviaría a Uniqlo. También Yanai es un hombre muy, pero que muy rico, aunque no tanto como Ortega. Ambos se propusieron conquistar el mundo, pero de momento es el fundador de Zara el que gana esa carrera. Y de largo: Zara tiene más de 7.000 tiendas en 88 mercados, frente a los casi 1.800 establecimientos en 18 países de la nipona. Eso sí, a las dos les gustan los locales emblemáticos y bien situados.

Las tiendas de Uniqlo se identifican por el minimalismo, ese orden tan característico de la cultura japonesa y la distribución por colores de las prendas. Es precisamente ahí, en la ropa, donde se diferencian de verdad. Mientras Zara ofrece prendas para cualquier ocasión, con distintos estilos y renueva constantemente la oferta en función de las tendencias, Uniqlo es una marca de básicos. Su lema Made for all (Fabricado para todos) lo deja claro: prendas casual, cómodas, atemporales, unisex y hechas con materiales de calidad. "Nos basamos en el concepto ‘life wear’ (‘ropa para la vida’). Nuestra ropa es sencilla y esencial pero universal, por lo que la gente puede combinarla libremente con su propio estilo de la forma que elija", explica el propio Yanai.

Para completar esa oferta tan funcional, sin muchas concesiones a la fantasía, han empezado a explorar la estrategia de las colaboraciones que tan bien le ha funcionado a H&M, por ejemplo. La última, con Inès de la Fressange.