Blancanieves, un cuento de origen alemán popularizado por los hermanos Grimm, fue llevado al cine por Walt Disney en 1937 (fue su primer largometraje de animación). Desde entonces se han hecho multitud de adaptaciones para cine, teatro y televisión. Sin ir más lejos, en 2012 se estrenaron dos películas basadas en él: Blancanieves y el cazador, protagonizada por Kristen Stewart y Charlize Theron, y Mirror, mirror, con Lily Collins y Julia Roberts.

No es desde luego el único cuento clásico con detalles que en la era del MeToo y el empoderamiento femenino chirrían. Otra actriz, Keira Knightley, contaba también la semana pasada en ‘The Ellen Show’ que prefiere que su hija de 3 años no vea determinadas películas infantiles porque envían un mensaje equivocado. “'Cenicienta', prohibida. Porque se queda esperando que venga un tipo rico a rescatarla. Obviamente tienes que rescatarte a ti misma”, indica. Otra película que le molesta – incluso más porque reconoce que como película le gusta— es La Sirenita. “Las canciones son geniales, pero no abandones tu voz por un hombre”, recomienda a las jóvenes.

Más expresiva en su rechazo a las historias de las princesas fue Penélope Cruz en una entrevista con la revista Porter Edit publicada en febrero: “Cuando leo cuentos de hadas a mis hijos por la noche siempre estoy cambiando los finales. Siempre, siempre, siempre, siempre. Que le jodan a la Cenicienta, a la Bella Durmiente y a todas las demás. Hay mucho machismo en esas historias y eso puede tener un efecto sobre la forma en la que los niños ven el mundo. Si no tienes cuidado, empiezan a pensar: 'Ah, entonces los hombres deciden todo’”.

 

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