Las fuentes son oficiales, pero habría mucho que matizar en relación a las cifras y los argumentos utilizados. Por ejemplo, el porcentaje de muertes masculinas en conflictos bélicos solo puede referirse a las bajas de soldados y no de población civil (de hecho, la fuente es el departamento de Defensa de Estados Unidos). El que los hombres son los que luchan en las guerras es uno de los argumentos clásicos que ha utilizado el machismo para presentarles a ellos como víctimas del sistema. Aunque quienes lo usan suelen olvidarse de añadir que efectivamente las mujeres no hacen la guerra, pero las sufren e históricamente han sido el botín. Tampoco recuerdan que la violencia de género causa más muertes que los conflictos armados.

El dato de que el 79% de las víctimas de asesinatos son hombres está sacado de un estudio global sobre el homicidio que realizó la ONU en 2013. Ese mismo informe señala también que los hombres cometen el 96% de los asesinatos, lo que confirma que son más dados a ejercer la violencia (lo que no quita para que también sean víctimas de ella), que es una de las cosas que critica el spot de Gillette.

El anuncio también presume de que la mitad de los padres que no ven a sus hijos sigan pasando la manutención, obviando el hecho de que no pagar una pensión a la que se está obligado legalmente es, independientemente de las circunstancias, una forma de chantaje. Como también lo es privar a un progenitor del derecho a visitas a los hijos para intentar forzarle a pagar la manutención.

El anuncio aborda también la cuestión del suicidio masculino, que es efectivamente un problema preocupante. Según la OMS, los suicidios son  la causa del 50% de las muertes violentas de hombres. En los países ricos mueren tres veces más hombres que mujeres por esta causa (en los países pobres o en vías de desarrollo la tasa es inferior, 1,5 hombres por cada mujer). Lo que no explica el anuncio es que la mayoría de los investigadores relacionan las alarmantes tasas de suicidio masculino con esas normas de la masculinidad clásica que dictan que los hombres tienen que tener éxito, ser fuertes, dominantes, independientes, competitivos, invulnerables, y por supuesto descartan comportamientos 'débiles' como buscar ayuda o hablar de los propios sentimientos. Otro ejemplo más de que la masculinidad tóxica no beneficia a nadie, ni a las mujeres ni a los propios hombres.

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